jueves, 17 de febrero de 2011

Travis Louie

Es más que evidente el gusto que tienen los gringos por la manera nazi. A uno que otro latino también le llega a apasionar ese vigor totalitarista. Esta última característica nazi (natsi, pronuncien bien) es, por cierto, saludable, más aún cuando se vive en esta impotente vida democrática que abre y cierra puertas, consume y desecha, crea y destruye, da y amputa, ama y putea... en fin, que nos ha puesto la tolerancia como condena por nuestra codicia y estupidez natural. Por eso muchas cosas que son naturales (más por ser saludables) son censuradas en nuestro país que ni totalitario ni tolerante es. Cosas como la mentira, la fealdad, la pobreza, la promiscuidad, a veces incluso la belleza. Pero, eso sí, los pro-nazis de acá son más bien chaquetos, ningún ápice de vigor. Aunque también exactamente lo mismo pasa con todos los izquierdosos, derechosos, enfrentosos, atrasosos, arribosos, abajosos, et ál.


Ah, pero yo hablaba de los gringos y su manía deportiva por lo  "alemán" (lo nazi, digo).


Bueno, son putos y pendejos.

Menos él, Travis Louie, quien desde morro se sintió compatible con el asunto del alemán, presente esencialmente en su estilo expresionista y esa atmósfera "post-medio-50's-novedoso" (ay, mi vidaa) y lo representa no como un monstruo, sí como un espíritu.






















No hay comentarios:

Publicar un comentario