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viernes, 28 de octubre de 2011

De asesinatos y dolor

Todo razón y nada corazón

Soy estudiante de la licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales, quinto semestre. Soy mamá soltera. Soy parte de la comunidad de la Facultad de Filosofía y Letras, Ciudad Universitaria. Soy ciudadana del territorio mexicano. Soy mexicana. 

Muchos son los asesinatos ocurridos a lo largo y ancho de nuestro país, cada día, cada hora, arbitraria e indiscriminadamente, con alevosía y premeditación. Son tantos que jamás conoceremos una cifra fidedigna. Y no queremos números. Tenemos, en cambio, el llanto de las madres que, al morir los hijos, no tienen nombre o categoría que les describa. Cuando se pierde un esposo una es viuda. Cuando se pierde una esposa uno es viudo. Cuando se pierde a los padres uno es huérfano. ¿Qué son los padres cuando por la muerte los hijos les son arrebatados? La palabra calla. De la muerte violenta nace el dolor, con toda la fuerza que ha traído por recorrer el viento, la profundidad de los océanos, del centro de la tierra y del mismo ser. Cuando se silencia la vida, cuando se calla la palabra, se calla a la razón, se calla al corazón. 

Llegó hoy a los pasillos de nuestra facultad la noticia del asesinato del compañero Carlos Sinuhé Cuevas Mejía. Muchas son las cosas que se dicen y difunden sobre su persona. A mí, de todo ello, lo que más importa, lo que mueve las fibras sensibles de la existencia, es su humanidad. Un compañero que sintió, que pensó, que resistió y luchó. La vida le valió. Se supo, más tarde, la noticia del asesinato de Julio César Meléndez Solís, también estudiante de la UNAM, ocurrido, igualmente, el día de ayer, con algunos minutos de diferencia al asesinato del compañero Carlos. Esta semana, se difundió en la facultad la desaparición de un compañero del colegio de Geografía. 

Soy testigo del dolor. Desde muy temprano y a lo largo del día, rostros bañados en lágrimas, gestos de desconsuelo, silencios furiosos, impotentes de hallar una explicación. Carteles en los muros clamaban ¡Justicia! Soy presa de la indignación. Asambleas. Conversaciones entre los pasillos. Acuerdos. Desacuerdos. Libertad de expresión. Censura. Agotamiento. ¡Dolor! Desde el alba, hasta el anochecer, en los pasillos de la facultad de filosofía y letras. Presenciando las diversas manifestaciones de sentir. Entre charlas, opiniones. Entre la indiferencia y el hastío. Entre la apatía y la hipócrita preocupación del momento. Entre quienes decidían huir del barullo y quienes atentos decidieron esperar y escuchar. Entre los que sienten, los que sienten y piensan, y los que solo piensan. Me confieso de los que sienten y piensan, y confieso también que a veces peco de sentir o de pensar más o menos, menos o más. Alcanzar un equilibrio es tarea de toda la vida. Este día sentí.

Ha llegado la noche. El dolor aumenta, el peso de miles de asesinatos y desapariciones se siente, cada vez, con más fuerza. Y con el sereno de la noche llega la calma, el silencio, el momento de fomentar el equilibrio entre el corazón y la razón. Luego de pasar las siguientes horas leyendo opiniones, comentarios, críticas, debates, diálogos entre algunos compañeros de distintos colegios de la facultad; ni razón ni corazón logran entender lo indiferentes e insensibles que pueden ser algunas personas. Lo único que puedo pensar es que me siento cerca de los sentimientos que gestan la barbarie. Respeto todas las opiniones que hasta ahora he conocido. Quiero exponer la mía: a quien con el asesinato de un ser humano, compañero, amigo, vecino, conocido, no se encuentra dolido, me gustaría invitarlo a velar por el diálogo entre su corazón y su razón. Tengamos presente que hay cosas que la razón no puede enseñarle al corazón, y otras tantas que el corazón no puede expresar sin la razón. 

Gente, somos la misma sangre. Son nuestros muertos, nuestros desaparecidos, nuestras mujeres violadas, nuestras familias torturadas, la inocencia de nuestros niños robada. En qué momento abriremos los ojos. En qué momento la moda importará menos que los agravios. Cuándo una canción dejará de animar más que la riqueza del diálogo. En qué universo un par de horas en el aula valen más que el dolor manifestado. Cuándo entenderemos que sin resistencia no habrá futuro. La vida se llena de tristezas, de muertos, de ausencias eternas. Pero también de fuerza, dignidad y coraje. 

A no callar. A no olvidar. A resistir.

martes, 11 de octubre de 2011

El secreto de Siqueiros no es San Judas


Corría el día 28, por la tarde, de un mes que, para el caso, es inútil conocer. Si acaso, lo importante, es que estaba cerca de la alameda central. Av. Hidalgo y Reforma, cerquísima del Templo de San Hipólito, o, mejor conocido como el Templo de San Judas Tadeo. Día 28 de mes y en el Templo de San Judas, se imaginarán. En mi trayecto a pie, con un cigarro encendido, desde el eje central hasta el metro Hidalgo, perdí la cuenta mil veces de cuántas imágenes de San Judas y cuántas veces, si fuera creyente, tendría que haberme persignado. 

Mil sanjuderos, con camisas blancas de tirantes, con los pantalones metidos en los tenis, con escapularios en el pecho, con gorras hasta el cielo, con peinados cortos, de copetito estilo daddy yankee, de lentes oscuros; mil sanjuderas, de blusas rosas, con brillantitos, con pantalones muy pegados, con flecos como alfombra vieja: duros y de colores desteñidos, con maquillaje blancuzco y brillante en sus ojos; cientos de figurillas, pequeñas, medianas, grandes; un ciento de vendedores: playeras, figuras, gorras, lentes, cigarros y dulces, elotes y esquites, porno, escapularios de San Judas, estatuillas de San Judas, cuadros de San Judas, playeras de San Judas, gorras de San Judas... todo de San Judas.

Llegué, después de todo (San Judas), al lugar al que me dirigía. Era tarde, apagué mi cigarro y entré. Me encontré con J., me sonrió, la saludé y le sonreí. En la sala, blanca e iluminada, espaciosa y de techo alto, todos los ahí sentados, escribían. El lugar era otro, el espacio, las caras y las ropas muy distintas que las de afuera.

El Secreto, David Alfaro Siqueiros.
Hace poco, caminaba, por una avenida no muy conocida, pero me dirigía a otra muy conocida: periférico. En mi situación de peatón tenía que llegar a la avenida conocida, pero, para hacerlo, había que cruzar, atravesar, flotar, volar o lo que fuese para llegar a ella. Un puente de varios caminos se atravesaba. Caminé entre arbustos, para, según yo, esquivar el puente. Me encontré con una realidad distinta de la que siquiera imaginaba. Había un canal, árboles, ramas colgando, arbustos, y yo, que seguía caminando por un sendero entre la naturaleza, cada vez más confundido. Llegué, al fin, a una casa de palos, en medio de la "nada". No quise investigar de quién era ni quién vivía en medio de la nada, o, mejor dicho, atravesado por todo. Me regresé. Quedé sorprendido. A unos cuantos metros de una avenida, vía de comunicación, orgullo de la urbanización, me encontré con una realidad otra, muy distinta. Mi idea de la ciudad cambió. El espacio se muestra como un conjunto de relaciones de emplazamientos; entendidos éstos, dijo Foucault en una conferencia en 1967, como “las relaciones de vecindad entre puntos o elementos; formalmente, pueden describirse como series, árboles, entretejidos […]; vivimos dentro de un conjunto de relaciones que definen emplazamientos irreductibles unos a otros y en absoluto en superposición.” Vivimos en un conjunto de relaciones temporales y espaciales que se superponen unas con otras. Es claro que la superposición no es al azar, pero, también es claro, no es momento para hablar de ello. Sino de lo que sucedió después de pensar en los juegos de repartición del espacio.

Todos escribían, leían, miraban al vacío, u observaban una imagen. Yo seguía sin entender. Se acercó a mí J. y me explicó: Estamos haciendo un ejercicio, debes escribir algo, es libre, pero —ahí volteó y preguntó quién ya había terminado y recogió dos imágenes—, debes apoyarte en esto —me las acercó—. Elegí una, era El Secreto de Siquieros, imagen de una pintura que no conocía. Y, —añadió— debes incluir una palabra —buscó en un libro de, supe después, María Baranda—, la debes significar. La palabra fue cypria. 

Vaya desmadre, esa cosa qué era. En fin, me arranqué y salió esto:

Las paredes de herrumbre, la mesa desvencijada, la silla chirriante, las esquinas polvosas, llenas de ollín. El color herrumbroso de las paredes hacían que la vela, colocada en el centro de la mesa, reflejara una luz mortecina, humente. La sombra de la mano bailaba en su rostro, hundido y petrificado.
El vaho frío de Z recorre punzante el oído, la espina dorsal la estremece. Z susurra en la penumbra, escondido, por la espalda. El susurro golpea una pared de herrumbre. La otra. Se devuelve. Baja de tono. Golpea de nuevo la herrumbre. Sube de tono. Regresa. Baja. Vuelve. Sube. El eco profundo, galopante. Se cuela en sus oídos. Regresa al susurro. El susurro sale. Salta. Inunda.
La luz, temblenque y rojiza danza; sonora, mortecina.
Sus ojos se pierden, abismales. La mano en su oído detiene el vaho. El sonido crece. Lo abraza, penetrante. Su frente suda, sus manos tiemblan.
Z continúa susurrando. Se detiene. Mira los ojos de su receptor. Se mira en ellos tendido. Se mira acabado. Se siente detrás. Se sabe perdido. 
Cypria, de ojos perdidos. Z, de labios cerrados, confundido. Ha dejado ya de susurrar. Cypria de ropas manchadas, de manos rojizas. Z levanta la mano, se queda tendido. Cypria, con su mano temblando en su rostro. Cypria llora por Z. Z no puede, sus ojos se apagan, sus labios se secan, su mano se cierra. Cypria fundido, desbordado. Pierde su mano. Pierde su Z. Pierde su manto, su Z y su llanto. Z inhala. Cypria dispara.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La vida es bella. O la no-folklorización de la vida


Históricamente el poder aspira, siempre, a enunciar la vida y sus procesos, a definirles un límite, a cosificarlos, a apropiarlos. El poder utiliza mecanismos de inclusión/exclusión, donde participa toda una maquinaria (estructural y superestructural) que hace valer el estado de cosas, su subsistencia y reproducción. Se apropia de las expresiones que le sirven para fortalecer su discurso: lo mexicano, lo nacional, lo indígena, lo tradicional. Pretende "la tradición" como algo fijo y estático.

En cambio, Carlos Mariategui, peruano al que hay que revisar, dice que "la tradición es, contra lo que desean los tradicionalistas, viva y móvil. La crean los que la niegan para renovarla y enriquecerla. La matan los que la quieren muerta y fija, prolongación de un pasado en un presente sin fuerza, para incorporar en ella su espíritu y para meter en ella su sangre".

Este proceso, al cual ubicamos como folklorización, vuelve una expresión cultural e histórica compleja en un souvenir mexican curious. Así, contamos innumerables formas cosificadoras en las que opera este proceso: la guelaguetza oficial, el mariachi, las danzas "típicas", los bailables en escuelas o los programas gubernamentales y televisivos (Vive México o Como dice el dicho, respectivamente, por mencionar alguno) en los que se exaltan valores humanos o naturales estáticos. Formas que dan valor y contenido, según el poder, a la identidad nacional.

Sin embargo, por fuera de este proceso folklorizante, se mueven ángulos de mirada, en distintos niveles, en los que se piensa y se reflexiona la tradición, la cultura, la identidad, etc., desde una posición diferente a la apropiación que pretende el poder. 

Nuestro amigo, artista plástico y humano de medio tiempo, como se define él, Farid Rueda, vuela hasta este blog con una serie de dibujos llamada La vida es Bella. Serie en la que re-presenta, mediante el dibujo, "canciones, refranes o frases célebres en un intento por rescatar [dice él] la cultura popular, sin caer en el folklorismo o el cliché".

Farid, comenta sobre su serie que:

La inmediata relación de la ilustración con el leitmotiv de su creación no se hace presente de primera intención, sino que se encuentra arraigada en la imaginación, evitando así, caer en la vana ilustración. En lugar de ello se generó una imagen que no obedeciera a los conceptos propios de la descripción y que narre, desde el bagaje amplio de la forma, una nueva situación.

No obstante de la libertad con que se trabajaron los temas, las imágenes sí responden, en algún aspecto, formal o metafórico, a su [contenido]. 


¿Conejo Blas... A donde vas
Con esa #$%&!!! colgandose atrás?
Bolígrafo
2011
"Corre, Cachetes corre"


¡Mamá, soy paquito!!!
Bolígrafo
2011

"Más vale pájaro en mano que ver un ciento volar..."
Bolígrafo
2011

"Donde lloran está el muerto"
Bolígrafo
2011

"Lindo pescadito no quieres salir a jugar conmigo vamos al jardín..."
Bolígrafo
2011

(Fur elise-beth)

"Pasaste a mi lado
con gran indiferencia
tus ojos ni siquiera
voltearon hacia mí;
te hablé sin que me oyeras,
te vi sin que me vieras
y toda mi amargura se ahogó dentro de mí..."

Bolígrafo
2010



Más sobre nuestro amigo: http://faridrueda.blogspot.com/

lunes, 19 de septiembre de 2011

La double vie de Veronique


Los asuntos de las relaciones son naturalemente irracionales, apenas sobreviven al tiempo gracias a los fragmentos que la memoria tiende a revivir más realistas que otros. Los sentimientos que conllevan se vuelven algo aun más difuso con el tiempo y son moldeados por la nostalgia y el resentimeinto. Se tararea, no el verso ni la música sino la propia experiencia, el transcurso entre lo que sucedió antes y lo que sucede ahora reestimulándose uno mismo esos sentires, como rezando o explicándose la manera del porqué siguen ahí. ¿Será acaso posible que lo primero haya sido tararear la naturaleza (recordarla, como el canto del ave) y luego se haya aprendido a amarla (tallar el ave en la piera)? ¿Se halla uno más identificado con sus recuerdos o con sus actos? ¿Y si la identidad no involucrara ninguna otra identificación más que la de uno con uno mismo? Si todo esto es posible, entonces el encuentro con quien pudieramos identificarnos enteramente sería un milagro, o un augurio de muerte. Tal encuentro con el doppelgänger (el otro yo andante) es casi un asunto de mitos; pero como cada mito, tiene el poder de hacernos preguntar en lo más hondo del alma: si acaso pudiera existir alguien en quien nuestra alma pudiera reflejarse con tanta correspondencia como frente al espejo.

Recordar y actuar. La vida de cada uno se nutre esencialmente del (lo) otro haciéndolo parte del propio mundo en estos dos, a veces simultáneos, momentos.


Ahora bien, una peli será para todos ustedes, amables cuervos, gentiles cuervas, más vívida que todas mis palabras y mis deseos que en esta oportunidad servirá a todos nuestros visitantes una ronda con excelente bouquet, obra del maestro Krzysztof Kieslowski intitulada La doubile vie de Veronique (la doble vida de Verónica) No desaprobechen un trago tan generoso. Sería grosería.

Att. Uno (siempre dispuesto a ofrecerles lo mejor de la casa) de los dueños de este changarrito de su fina elección.




viernes, 9 de septiembre de 2011

Descontextual: Persecución


Cuando hablamos de "contextualizar" nos referimos a ubicar un objeto tal en un entorno específico, en una composición ordenada. Lo contrario a ello, por obviedad lingüística, sería añadiéndole la preposición "des". Obteniendo así "descontextualizar", que se refiere a sacar de contexto un objeto tal, un ordenamiento descompuesto, desordenado. La pintura tiene un poder potente de ordenar referencialmente. La fotografía permite la captura de un momento en movimiento, sea éste último, lento o vertiginoso. La intervención digital en un espacio es inscripción de un desorden en un plano que  se vuelve verídico. La inscripción de esto puede resultar en un descontexto potencial. 

Hace algunos ayeres (muchos para ser verdad), un cuervo estrenaba un nuevo trago; a saber: el rrok-rrok. Que expresa la onomatopeya de el canto del cuervo. Hoy, este cuervo nombrado en los bajos mundos como Israel Cruz*, o en las esferas más exquisitas como "El Querreque", se ha quedado tirado, repleto de tragos, en la orilla de esta barra. De entre sus bolsillos le extraje lo siguiente que, advierte precozmente, posibilidades descontextuales.

Salud:


Fotneg


Mariana


Nat



11, porque no 00


Virgoll


ilumu, tú





*Israel Cruz (Ciudad de México), ENAP. Cuando escribo pienso en cómo se verán las cosas, si pueden formar una imagen en la cabeza de alguien más. Por el contrario, cuando hago una imagen intento no decir mucho y, de ser posible, nada. Esto explica la inconstancia entre las formas, ya que parto siempre de un rehacer lo ya hecho,  de revisar el pasado a través de sus huellas para borrar algunas y modificar otras tantas  y decir  –mira, ha pasado un tigre por aquí y no un gato–. 

Creo que la epistemología es muy pertinente al momento de ver algo, pensar que al crear una imagen estás conllevando una idea, que observas el proceso de la mente, porque las cosas que ocurren afuera de nuestro cuerpo. Pocas veces tienen que ver con lo que sucede en al interior de nuestra cabeza.  

domingo, 21 de agosto de 2011

Guerra y Fútbol: Balacera en partido Santos vs Morelia


Las balas que todo ojo verá. La guerra accidentalmente televisada. Las imágenes de una terrible realidad. La muerte, el miedo, la parálisis. No es culpa absolutamente de nadie que tenga que ver con el fútbol, con el deporte, es consecuencia de una realidad que encara el país. El temblor, el estremecimiento, el terror. Las secuencias y la memoria. La tristeza, la derrota, la desesperanza. El motivo que trascenderá en el mundo. El miedo colectivo, multitudinario. La violencia en la cama, la mesa, la calle. La guerra en todos lados. En todos los juegos. En todos los ojos. Los tronidos en el ambiente. Baloy al suelo. El galope de Vilar. El balón por la vida. Las piernas buscando refugio. Los tronidos de nuevo. La gente espantada. Cubriéndose. Agachándose. Refugiándose. Los gritos. El infierno. La pesadilla. El estremecimiento al aire. Los Niños llorando. Las Mujeres llorando. Los Hombres llorando. Los teléfonos sonando. Los dientes crujiendo. La butaca vacía. La cancha tomada. El estadio temblando. La ciudad sitiada. El estado quebrado. El país destrozado. La sangre corriendo. La guerra creciendo. El juego contra la guerra. Las ráfagas. La guerra contra la gente. Las súplicas al cielo. La ruptura contra el juego. El llanto. El dolor. Los ruegos. Las ráfagas interminables, diarias, absolutas. Las oraciones. Los sollozos. Las voces. La crisis. La ruptura de todo, de todas y todos. Las balas como lluvia, retumbando en los oídos. La sangre desbordada. Los cursos a los niños para responder a emergencias. La desesperanza general. Los diálogos absurdos. Los besos y los abrazos. Los brazos rotos. Las piernas reventadas. Las cabezas sueltas. La fragmentación real, no pretextual. El anquilosamiento. El letargo. El silencio. El despertar urgente. El fin de las balas. Los nervios y el miedo a todo. Se abren los ojos. Ya pasó mijo, dice el padre al hijo. La situación está controlada, según el sonido local.






La magnitud de los balazos:




viernes, 12 de agosto de 2011

Tiësto - Elements of Life


Admirable es la energía que puede conmover en el estruendo y el baile a miles, bañados en sudor, fiesta y potencia. Mirar el escenario relativamente discreto con un sólo hombre ocupando las miradas y a una pista gigantesca envuelta, atravesada y elevanda por pasiones, es magnífico. Mirar desde lejos los saltos y los gritos bien coordinados pero no ensayados, sorprenden al límite. Mirar las bellezas que bailan en esas pistas no dan ganas sino de estar ahí. En los conciertos de Tiësto.

El DJ se forma en el esfuerzo privado, aunque lleno de aferencias+ y referencias+ de afuera, el dj se consolida, se confronta y se muestra en el afuera, con miradas y pasiones qué emocionar o desilusionar. Ahí es donde se vive a un Tiësto, en el afuera, en los conciertos y los gritos. En el adentro, por su parte, dilucidamos solo un poco el esfuerzo que en solitario desarrolla este DJ, de 42 años, que para muchos es el mejor. Elements of Life (2007), quinto álbum en solitario y tercero en estudio, nos envuelve en una turgencia distinta, de la que ya hemos hablado, la que nos arroja de la calma al estruendo, de la cama a la calle, de los elementos a la vida.


No puede usted quedarse sin escuchar ni bailar este.

lunes, 11 de julio de 2011

Netflix volando a México


Regreso a este espacio del que he estado ausente. Regreso después de un pequeño abandono, por el que veo no se ha sufrido. En fin...

Hay una diferencia simbólica del entretenimiento entre las generaciones -si es que existen tales-, entre los que agotan el tiempo de ocio en la televisión o radio y los que lo agotan en internet. La diferencia no está en el tiempo, sino en el espacio, en la distancia. Unos se entretienen desde la lejanía del control remoto y otros en la cercanía del dispositivo. Unos son pasivos y otros "activos". O eso suponen algunos.


"El reloj de oro", escena de Pulp Fiction.


Las posibilidades de cada una de ellas son diversas; la televisión, incluso la pública, ofrece programación casi ininterrumpida; el internet ofrece... mucho, pero mucho más que lo anterior, en todo momento. Podríamos decir que da posibilidades infinitas, abrumadoras. Sin duda mucho de lo que se ofrece en internet es mierda (en la televisión también pero de menor variedad), sin duda la mierda se consume, sin duda el tiempo de ocio que se gasta en internet es infrautilizado (la mayoría de los usuarios frecuentan habitualmente muy pocas páginas: facebook, twitter, youtube...), pero sin duda, también, el ocio encuentra un cause en las series y las películas. Y de esto es lo que quería platicar.

Si un@ es aficionad@ de las series y le gusta el cine, seguro ha visto series y películas por internet. Aquí  en algunas ocasiones hablamos y linkeamos pelis. Sin embargo, somos conscientes que este espacio no es (ni aspira ser) un centro de series y películas. Eso está claro, para eso están espacios como Series Yonkis, Series id, Películas id, Películas Yonkis y tantos otros que se conocen. Estos espacios comparten la mayoría de los contenidos a través de Megavideo, sitio dedicado al almacenamiento y reproducción de video. Sin embargo, últimamente los enlaces para la visualización de los contenidos han sido eliminados. La neta es que se siente bien feo que nos aparezca: 


La verdad eso de que eliminen contenidos es algo que enfrentan miles de blogs, miles de páginas y millones de usuarios. Estas prácticas se han intensificado desde ACTA (Acuerdo comercial anti-falsificación). Hay quienes aleguen que compartir información y conocimiento es piratería y es un delito. ¿Y saben qué? ¡Chichis culeros! Compartir información no es piratería ni falsificación. 

Hay que irle trabajando para estar un paso adelante de medidas como estas. 

Afortuna o desafortunadamente (ya se verá), Netflix, compañía que alguna vez pretendiera ser absorbida por la cadena -cada vez más en picada- Blockbuster, ofrece ver "todas las películas y series que quieras vía Internet. Por un precio mensual asequible", llegará éste mismo año a Latinoamérica, incluyendo México. Según lo ha dicho por la misma compañía en su blog.


Teniendo en cuenta que, se comenta por ahí, la suscripción tendría un bajo costo (en EU y Canadá ronda los 8 dólares mensuales, equivalente a 90 pesos), podremos esbozar una sonrisa y esperar con emoción que Netflix aterrice por estos lares.

Si bien el anuncio genera expectación, también produce dudas sobre su aceptación en México, al menos. ¿Qué van a decir las televisoras y los servicios de t.v. de paga cuando vean que Nextflix representa una oferta competitiva en el mercado que ellos controlan?, ¿permitirán abrir el mercado de los contenidos audiovisuales a propuestas más dinámicas?, ¿a poco Televisa y TvAzteca aceptarán sin chistar una competencia que les lleve un paso adelante?

Quién sabe, yo espero que estas dudas no sean ciertas, esté alucinando y en México las televisoras no manden.

miércoles, 15 de junio de 2011

¿De qué hablamos cuando hablamos de diálogo?


Por J.K., estudiante del CELA

En los últimos días, mientras los universitarios estamos en vacaciones, se da a conocer la decisión de enviar a las carreras de Estudios Latinoamericanos,  Bibliotecología y Letras Clásicas a un Anexo ubicado atrás del estadio olímpico, que se incorporará a las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL). Durante el semestre que acaba de concluir algunos escuchábamos de oídas la construcción de ese espacio, pero no sabíamos para qué se usaría. Las autoridades de la facultad en ningún momento notificaron a la comunidad que se construía el Anexo y, más relevante aún, que se alojarían en él la totalidad de algunas carreras de la facultad.

Cientos de estudiantes nos enteramos de esta situación por una vía extraoficial. En Facebook, apareció el día 11 de Junio del año en curso el grupo “CELA”, y en él circulaba la imagen de una supuesta carta firmada por la actual directora de la facultad (nunca se desmintió su autenticidad por lo que se supone cierta), en la que exponía a un destinatario desconocido, sólo se sabe que es dirigido a un “estimado colega”, la decisión de alojar a las mencionadas carreras en dicho espacio. Oficialmente, la dirección de la facultad, hizo “público” los criterios para la reubicación de  las carreras mencionadas mediante un comunicado publicado el día 14 en la página de la facultad y firmado el día 13 por Gloria Villegas Moreno; esto es, días después de que la información se filtrara, como se dice últimamente.

La decisión generó un ambiente de confusión, duda, resignación o rechazo a la misma. Sin embargo, indudablemente cimbró a una parte considerable de la comunidad, incluso en vacaciones. En tan solo 4 días, alrededor de 600 usuarios de la red se integraron al grupo. Las autoridades, seguramente, no esperaban una respuesta similar. Y sin temor a fallar, podríamos decir que ése fue un motivo por el cual se hace pública la decisión mediante el comunicado.

El sentimiento general es de inconformidad. Siempre es bienvenida, sin dudarlo, la construcción de nuevos espacios en la universidad. El problema, como siempre, es la discrecionalidad y unilateralidad con que se deciden las cosas. Y esas decisiones giran, muchas veces, en torno a construir un tipo de universidad, que no siempre coincide con los sentimientos de la comunidad, incluida en ella a los académicos y personal administrativo, que también forman parte de la vida universitaria.

¿Cómo enfrentar las decisiones unilaterales?, ¿cómo proponer soluciones a los problemas?, ¿es el diálogo la única vía?, ¿es legítimo realizar acciones?, ¿debemos hacer uso de herramientas que se han olvidado?, ¿hay que descartar todo lo que no sea diálogo?

Hagamos un poco de memoria, recordemos las estructuras que rigen las decisiones en la Universidad.

¿El diálogo, qué?

Desde 1945, en la Universidad, la organización de la misma se ha basado en su Ley Orgánica. La toma de decisiones en “los causes de la institución” se ha conformado, desde entonces, en organismos con poca o nula representatividad. Las decisiones se han tomado desde esferas reducidas y en su mayoría desconocidas para la comunidad.

Con mencionar un caso que, concierne aquí directamente, daremos cuenta de ello. En meses pasados se realizó la elección de los comités académicos del CELA y DyGI. En las votaciones “democráticas” para elegir el comité académico del CELA, según los resultados preliminares de las elecciones, pubicados en la página de la facultad; la participación, entre las dos fórmulas registradas, fue de 14 alumnos, lo que representa el 3,017% del total de electores, lo que significa que 450 no participaron (96,975% del total de electores).

Este sencillo pero revelador caso, demuestra la ausencia de representación y reconocimiento real de la comunidad a los órganos de “participación” y “elección” institucionales. La elección de los consejos técnicos y comités académicos consideran mínimamente a la comunidad universitaria, aunque sin el respaldo -como hemos visto- de la inmensa mayoría.

Un caso en el que ni por asomo la comunidad universitaria participa en términos reales es la Junta de Gobierno. En la Junta de Gobierno, organismo conformado por quince (ha leído usted bien), quince “distinguidos miembros de la comunidad académica”, se encargan de elegir al rector, directores de facultades, escuelas e institutos, además de nombrar a los miembros del patronato universitario.

¿Es posible que quince “distinguidos miembros de la comunidad académica” decidan por sobre trescientos setenta y nueve mil cuatroscientos cuarenta y uno[1]? ¿Acaso la Ley Orgánica vigente responde a las necesidades actuales? ¿El modelo de organización concebido en 1945, cuando la población universitaria apenas alcanzaba tan solo 23 mil alumnos, es adecuado para una población 16 veces mayor? ¿Acaso el tiempo se ha detenido en la Universidad? ¿A quién le beneficia?

Después de ejemplificar algunas condiciones que se viven en la Universidad, podemos responder dónde se concentran las decisiones, quién tiene (legalmente) la palabra perlocutiva. (Que no la última). ¿En los que conforman la universidad o en sus “representantes”?

No debiera extrañar a nadie que las autoridades llamen al diálogo cuando los cuestionamientos rondan sus oficinas. ¿En algún momento convocan a la comunidad a dialogar antes de decidir? ¿Acaso hoy no nos han convocado cuando los horarios del próximo semestre ya están decididos en el Anexo? Desde que estoy en la Universidad y por lo que a uno le cuentan, las autoridades han hecho de la burla y la evasión su principal argumento. “Eso se decidió en el consejo técnico”, “corran con su consejero para le digan su queja”, “muchacho, la universidad no es antidemocrática, quítame esos carteles”,  escuchaba en la preparatoria. Ahora en la facultad lo mismo… bueno no, aquí nada más leo lo que la directora dice: “…me permito hacerles una atenta invitación para resolver conjuntamente y de manera creativa las dificultades que pudieran presentarse en este proceso, con el espíritu de colaboración y compromiso, distintivos de nuestra comunidad.” Ése, y no otro, ha sido, desde que recuerdo, el comportamiento de las autoridades. En la prepa, si le subían el costo a las credenciales, de las multas en la biblioteca, si perseguían a los que vendían “velitas, banda” o “cigarros, amigos”, si despedían a un maestro, si te quitaban los balones, si te perseguían por “alborotador”, si construían un absurdo techo traslúcido sobre la alberca para proteger a los estudiantes de los rayos del sol (ay sí, ay sí, no se vayan a quemar), si instalaban cámaras de seguridad (como en una carcel), si hacían cualquier cosa ya no había nada qué hacer, ya habían decidido. O eso es lo que se decía, lo que querían que creyéramos: que ya no había nada qué hacer.

A estas alturas la ingenuidad no debería sobrevivir. O eso es lo que quisiera creer. O, a ver, supongamos que en la preparatoria no se dieron cuenta de nada de eso y, en cambio, se la pasaban en la fiesta (qué mal por mí que no aproveché), o con su novio o novia o lo que fuese, o en clases (que es a lo que los mandaban sus papás). Haya sido como haya sido pero no nos dimos cuenta. Pero entramos a la facultad y si alguna vez la visitamos, recordamos o nos cuentan cómo era antes de las macetas estorbosas y “anti-plan de contingencia”, de los locales bien alineaditos que sustituyeron al tianguis excepcional que se hacía en el pasillo que da a la central, o las piedras picudas que después fueron piedrotas rodeadas con una valla que sustituyeron a lo que alguna vez fue pasto, o cuando correteaban (lo siguen haciendo) al surtidor del nutri-puma; a saber: los tacos de canasta. ¿Qué pasó? Se hicieron asambleas, todos y todas fúric@s. Las autoridades llamaron al diálogo y poco a poco todos y todas lo olvidaron o se resignaron. Y las cosas quedaron tal cual las autoridades las habían decidido. Después instalaron cámaras, se hicieron asambleas, se hizo un pliego petitorio y hasta hubo diálogo público y nada. Las cámaras nos siguen grabando (“qué mal”, van a pensar algunos, que desde que las instalaron se peinan y toda la cosa, no vaya a ser que salgan mal en la foto). Y ahora el Anexo, y nos llaman a la cordura y al diálogo. Y ahora nosotros conversaremos con sordos. Y después nosotros exiliados en Siberia (Anexo). Y después nosotros seguiremos platicando…






[1] Cantidad obtenida de la suma de los estudiantes, académicos (según la Numeralia 2011 del Portal de Estadística de la UNAM) y el personal administrativo 2010 (de acuerdo a la Agenda Estadística 2010, publicada en el mismo portal).

lunes, 30 de mayo de 2011

El abandono de la palabra



O el último poema de un poeta que prefirió el silencio para tomar la calle*

Por José Kruse

El silencio es la frontera de la palabra. Así como la muerte es una posibilidad inevitable de la vida, el silencio no puede desprenderse y existir separado de la palabra, muestra “los límites de ese lenguaje y la existencia de algo que por todas partes lo rebasa.”[1]

Resulta significativo, más allá de la nota periodística, considerar el vuelco de un poeta hacia el abandono de la poesía. Después del asesinato del hijo de Javier Sicilia y otros jóvenes más, éste, ante los asistentes a una convocatoria exigiendo justicia por el asesinato de su hijo, dijo: la poesía no existe en mí. Ante esto, ¿qué puede significar el abandono de la palabra en un país que se inunda de violencia y muerte?

La palabra es cualidad exclusiva del humano, y no la comparte con nadie. La palabra tiene una “función simbólica, esto es, la posibilidad de referirnos a las cosas por medio de signos que la suplan, constituye la esencia del lenguaje discursivo.”[2] El símbolo re-presenta la cosa, sustituye el mundo vivido, proyecta la realidad, identifica un fenómeno que ya ha aparecido. El lenguaje discursivo, dice Luis Villoro, no habla de un mundo vivido sino de un mundo representado.[3] El lenguaje discursivo ideal no tendría que suponer variables, elimina la singularidad de las cosas y para ello necesitaría abstraerse de la subjetividad, para así, comunicar la realidad tal cual.

Sin embargo, por poner un ejemplo, un perro caminando delante de nosotros no puede ser el mismo siempre, pero sí hay siempre elementos insólitos, singulares. Para expresar el significado del mundo que nos rodea, en este caso, el perro caminando, podríamos recurrir a dos cosas. La primera, significar el andar del perro en sí mismo, la cosa en sí, independientemente de las sensaciones personales; la segunda, mostrarlo tal cual se presenta ante nosotros.

No es opuesto que, por un lado, la palabra discursiva, que identifica algo con otro ya aparecido mediante una estructura lógica que determina la compatibilidad y permite, a su vez, la recognición de ese algo; con la ruptura que, por otro lado, representa la negación del significado discursivo que presenta ese algo como es vivido, por quien, retomando el ejemplo anterior, mira andar al perro, convirtiendo el fenómeno en algo inusitado. Y es este caso último que, prescindiendo de la recognición, representa un acercamiento a lo desconocido y a la fascinación, siendo ésta la posibilidad de la poesía, la danza, la música y las demás expresiones que niegan las significaciones invariables que encarna la palabra discursiva. Posibilidad como la muerte para la vida. Una relación simbiótica que a pesar de la contradicción que se da en su seno, no anula la existencia de las dos. Si la palabra discursiva está de un lado, la poesía, no está al opuesto, sino entre la anterior y el silencio. La poesía juega una suerte de mediación.

El silencio, anota Villoro, “significa en cada contexto algo distinto, pero además añade a ese significado un matiz propio: que la palabra no es adecuada al modo como las cosas en torno se presentan [y como se enfrentan], que no puede figurarlas con precisión.”[4] Para reflexionar sobre el abandono de la palabra, el silencio de Sicilia, es adecuado usar el silencio como elemento significativo, en el que la palabra es limitada y la situación enfrentada la desborda.

El silencio, cuando se enfrenta a la situación, como Sicilia, se convierte en un vuelco que no describe la palabra, sino la pulsión. O, ¿negaríamos que el dolor y la muerte son situaciones que ninguna palabra puede significar?, y cuando ese “dolor” y “muerte” ronda a lo largo y ancho del país, ¿qué pasa?

El silencio además de reemplazar la palabra, sustituye también, la muerte y su situación de la cual la palabra fue incapaz de re-presentar. Cómo iba a hacerlo, si la realidad reproduce muertos por doquier. La realidad excede toda re-presentación.

Los significados del silencio resultan distintos en cada contexto, en éste, enmarcado en la exigencia de “ya basta” y de justicia, se vuelve resistencia. Muchas voces silenciadas se atraen espontáneamente a quien simboliza sentimientos ante un país que se derrumba.

Lyotard dice que nombrar no es mostrar, la palabra perlocutiva, la de acción fáctica (la del estado o los criminales), nombra las cosas como le conviene, el estado dice: ya basta, sí, pero a los criminales, y no a quienes los combaten. El preludio del silencio, hablando de la misma cosa, dirá:


"El mundo ya no es digno de la palabra

Nos la ahogaron adentro

Como te (asfixiaron),

Como te

desgarraron a ti los pulmones

Y el dolor no se me aparta

sólo queda un mundo

Por el silencio de los justos

Sólo por tu silencio y por mi silencio, Juanelo".


La pregunta inicial vuelve, ¿qué puede significar el abandono de la palabra en un país que se inunda es de violencia y muerte?, o ¿qué significa abandonar la palabra cuando la fuerza del estado de cosas la ha desbordado? La palabra, la poesía y el silencio, son únicos del humano, pero son también elementos de apropiación. Dejar la palabra, para hacer que el silencio crezca en avalancha, hasta el estruendo. Dejar la palabra, abandonarla, para apropiarse del “silencio de los justos” y hacer frente a la presencia misma de un país que se ahoga. Dejar la palabra para tomar la calle. Por la palabra, el silencio, quizás, volverá después.

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*Publicado en Palabras Malditas

[1] Villoro, Luis, La significación del silencio y otros ensayos, México, D.F., UAM, 2008, p. 69.

[2] Ibíd. p. 50.

[3] Ibíd. p. 55.

[4] Ibíd. p. 66

martes, 10 de mayo de 2011

Recuperar la paz, el presente y la palabra

El pasado domingo culminó la Marcha Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad, que partiera el jueves pasado desde Cuernavaca hasta la ciudad de México; pero no solamente, también se realizaron actos en al menos 29 ciudades del país y 17 del extranjero. Sin duda alguna, esta movilización cimbró (y lo seguirá haciendo) a más de uno, a diversos actores y múltiples esferas. Los medios de comunicación, cada uno por su parte, hace lo posible por darle el "significado" a este despertar. La mayoría de ellos, como es de esperarse, pretende limar todo filo que pueda representar y escalar una crítica mayor al estado violento de cosas. Resaltando lo quizás menos relevante y reduciendo el movimiento (complejísimo por cierto) a una simple demanda de “mayor seguridad", o, resaltan únicamente la demanda para la renuncia de Genaro García Luna, titular de la secretaria de seguridad pública federal (SSP), quien se ha visto seriamente cuestionado sobre nexos con el crimen organizado. La oficina de comunicación de la presidencia de Calderón, por su parte, aliviada por el seguidismo de los medios, responde con absurdos "respetamos la marcha y coincidimos con algunos de sus puntos (evidentemente la exigencia de paz que ellos traducen, causalmente, en mayor seguridad), pero no estamos de acuerdo con otros (como la destitución de García Luna). Estamos abiertos al dialogo, yo (dice Calderón), también quiero un México en paz, pero no vamos a retroceder en nuestra estrategia". En otras palabras: muy bien que se manifiesten, los respetamos, es más, les ofrecemos dialogo, pero no vamos a cambiar nada. O sea, jódanse.

La marcha y el movimiento mostraron una diversidad increíble de posiciones, ideas y filiaciones. Se había convocado así, de la manera más amplia y plural posible. Lo mismo amas de casa que migrantes. Caminaron muchos. Pero muchos otros faltaron. Dónde quedaron los grandes contingentes de jóvenes y estudiantes, cuando somos los que a la postre encontraremos las ruinas de un país devastado.

Por otro lado, distintos sectores que participaron directamente en la marcha (que desde mucho antes han estado cuestionado el problema de la violencia y la militarización), se mostraron con posiciones distintas a las que los medios han querido generalizar en torno a Javier Sicilia. El movimiento no es homogéneo, ni comparte la misma propuesta para enfrentar la emergencia nacional. Eso se evidenció cuando, ya en la plancha del zócalo, un grito de: “¡Fuera Calderón!” se extendió generalizado y transformado en: "¡Muera Calderón!", el cual Sicilia atajó con: "No más muerte, no más odio. Que no muera, que lo despidan”. Otra diferencia sustancial emana de lo anterior. Por un lado, el reclamo generalizado decía: “fuera (o muera) calderón”; por otro, Sicilia exige la destitución del secretario de la SSP. Notable diferencia. Resulta importante destacar esto, partiendo de otra reflexión: Después de la marcha y el pacto propuesto, ¿qué sigue?, ¿el pacto garantiza superar la emergencia nacional?, ¿cómo iremos a detener la violencia que ahoga en sangre el país?, ¿tomándonos de las manos y regalando flores?, ¿transformando todo?, ¿confiando en la divina providencia y el sagrado corazón de Jesús para que toquen y conmuevan el corazón de Calderón para cambiar la estrategia a la cual se aferra con devoción?, ¿cambiando de presidente?, ¿cómo alegar a los buenos sentimientos, cuando desde hace mucho lo único que vale es el dinero?, ¿cómo exigir un pacto nacional con los responsables directos de lo que hoy nos convoca?, ¿cómo creer en la "buena voluntad" de las instituciones (podridas) para "reconstruir el tejido social" en base a la vida considerando que estas (las instituciones) han construido el país en base al interés, al consumo y el dinero?, ¿cómo recuperar un país que unos cuantos se han apropiado?, ¿con moños blancos?, ¿desde una resistencia civil pacífica que antes no ha "conmovido corazones"? Y si no se da una transformación, si no vencemos, si el país se queda en las mismas manos de quienes se lo han adueñado: ¿Cómo decirle a los miles de inocentes muertos que hemos claudicado, que venció el poder y la muerte?

El escenario es complejo. Tras una manta de "estamos hasta la madre", una cartulina de "ya basta" o "no a la militarización", un cartel de "me mataron a mi hermano", una playera de "NO + sangre", un vaso de agua, una naranja, un aplauso, se muestra demasiado. Lo que se ha mostrado con fuerza es que las instituciones del estado no significan nada para la gente, no representan. El Estado (y su existencia, porque no), es la causa y objeto último de las demandas y exigencias. No podría negarse. Ello explica el encausamiento y tratamiento cuidadoso que se le ha dado, periodística, política, intelectualmente, y demás, a lo que pueda significar la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad a la gente de a pie, a los ciudadanos que nunca han tenido la palabra y por eso optaron el silencio, a los que vemos cómo el país se derrumba, a los que aún sobrevivimos. No vaya a ser que nos demos cuenta de muchas cosas, y ahora sí, intentemos tomar la palabra, y el presente en nuestras propias manos, para recuperar la paz que nos han robado.

martes, 5 de abril de 2011

Ejercicio hipertextual: Banda

La dinámica de la tecnología y la hipertextualidad lleva a imbricar y entrecruzar nociones, en todas direcciones y en múltiples dimensiones que, producto de este proceso dinámico, caótico y complejo por cierto, nos apunta conexiones tridimensionales que rompen la linealidad y el acartonamiento de la información, tal y como la conocieron nuestros padres. Algo así como los software de inmersión virtual, pero en las ideas. La tecnología toma por asalto el ojo, la cabeza y por qué no, la abstracción. Diferencia notable entre el ser humano y los demás animales. Se abre pues, una dimensión posible para la constitución de una arquitectura, que podríamos entender*, como de la suposición. Un salto como lo fue la concepción del tiempo lineal al espacio-tiempo curvo. Arquitectura que responde a la inversa del afán adánico por nombrar, construir o deconstruir el mundo.

Acá el ejercicio.


Hay bandas automotrices.



Hay otras, como la "banda ameba".



O, la "banda gangrena".



O por la que sufren cuando no la tienen: la banda ancha.



O en cambio, también, como la notabilísima del distinguidísimo Juanito.

  

O la de barrio.



O la chaca...



Pero por supuesto la sinaloense.



O la de punk neoyorquina.



O la londinense...





Pero hay otra, la mexicana, la peor de todas.



 La que por su propia cuenta, siendo banda, lo es también, una máquina de guerra.










*Este adjetivo (entender) no me parece el más acertado para los fines aquí expresados. Lo que me pareciera más adecuado sería: ocluir, o semi-ocluir. Por dos cosas. Primero, como contrario a la sorpresa y el asombro que genera la abertura y la luz, así como el hombre saliendo de las cavernas. Segundo, porque la oclusión de un cause dinámico; como una presa, genera, en condiciones como las actuales, un desbordamiento potente, a la forma rizomática.

Como ven, la cosa es más allá de las palabras. :)