El pasado domingo culminó la Marcha Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad, que partiera el jueves pasado desde Cuernavaca hasta la ciudad de México; pero no solamente, también se realizaron actos en al menos 29 ciudades del país y 17 del extranjero. Sin duda alguna, esta movilización cimbró (y lo seguirá haciendo) a más de uno, a diversos actores y múltiples esferas. Los medios de comunicación, cada uno por su parte, hace lo posible por darle el "significado" a este despertar. La mayoría de ellos, como es de esperarse, pretende limar todo filo que pueda representar y escalar una crítica mayor al estado violento de cosas. Resaltando lo quizás menos relevante y reduciendo el movimiento (complejísimo por cierto) a una simple demanda de “mayor seguridad", o, resaltan únicamente la demanda para la renuncia de Genaro García Luna, titular de la secretaria de seguridad pública federal (SSP), quien se ha visto seriamente cuestionado sobre nexos con el crimen organizado. La oficina de comunicación de la presidencia de Calderón, por su parte, aliviada por el seguidismo de los medios, responde con absurdos "respetamos la marcha y coincidimos con algunos de sus puntos (evidentemente la exigencia de paz que ellos traducen, causalmente, en mayor seguridad), pero no estamos de acuerdo con otros (como la destitución de García Luna). Estamos abiertos al dialogo, yo (dice Calderón), también quiero un México en paz, pero no vamos a retroceder en nuestra estrategia". En otras palabras: muy bien que se manifiesten, los respetamos, es más, les ofrecemos dialogo, pero no vamos a cambiar nada. O sea, jódanse.
La marcha y el movimiento mostraron una diversidad increíble de posiciones, ideas y filiaciones. Se había convocado así, de la manera más amplia y plural posible. Lo mismo amas de casa que migrantes. Caminaron muchos. Pero muchos otros faltaron. Dónde quedaron los grandes contingentes de jóvenes y estudiantes, cuando somos los que a la postre encontraremos las ruinas de un país devastado.
Por otro lado, distintos sectores que participaron directamente en la marcha (que desde mucho antes han estado cuestionado el problema de la violencia y la militarización), se mostraron con posiciones distintas a las que los medios han querido generalizar en torno a Javier Sicilia. El movimiento no es homogéneo, ni comparte la misma propuesta para enfrentar la emergencia nacional. Eso se evidenció cuando, ya en la plancha del zócalo, un grito de: “¡Fuera Calderón!” se extendió generalizado y transformado en: "¡Muera Calderón!", el cual Sicilia atajó con: "No más muerte, no más odio. Que no muera, que lo despidan”. Otra diferencia sustancial emana de lo anterior. Por un lado, el reclamo generalizado decía: “fuera (o muera) calderón”; por otro, Sicilia exige la destitución del secretario de la SSP. Notable diferencia. Resulta importante destacar esto, partiendo de otra reflexión: Después de la marcha y el pacto propuesto, ¿qué sigue?, ¿el pacto garantiza superar la emergencia nacional?, ¿cómo iremos a detener la violencia que ahoga en sangre el país?, ¿tomándonos de las manos y regalando flores?, ¿transformando todo?, ¿confiando en la divina providencia y el sagrado corazón de Jesús para que toquen y conmuevan el corazón de Calderón para cambiar la estrategia a la cual se aferra con devoción?, ¿cambiando de presidente?, ¿cómo alegar a los buenos sentimientos, cuando desde hace mucho lo único que vale es el dinero?, ¿cómo exigir un pacto nacional con los responsables directos de lo que hoy nos convoca?, ¿cómo creer en la "buena voluntad" de las instituciones (podridas) para "reconstruir el tejido social" en base a la vida considerando que estas (las instituciones) han construido el país en base al interés, al consumo y el dinero?, ¿cómo recuperar un país que unos cuantos se han apropiado?, ¿con moños blancos?, ¿desde una resistencia civil pacífica que antes no ha "conmovido corazones"? Y si no se da una transformación, si no vencemos, si el país se queda en las mismas manos de quienes se lo han adueñado: ¿Cómo decirle a los miles de inocentes muertos que hemos claudicado, que venció el poder y la muerte?
El escenario es complejo. Tras una manta de "estamos hasta la madre", una cartulina de "ya basta" o "no a la militarización", un cartel de "me mataron a mi hermano", una playera de "NO + sangre", un vaso de agua, una naranja, un aplauso, se muestra demasiado. Lo que se ha mostrado con fuerza es que las instituciones del estado no significan nada para la gente, no representan. El Estado (y su existencia, porque no), es la causa y objeto último de las demandas y exigencias. No podría negarse. Ello explica el encausamiento y tratamiento cuidadoso que se le ha dado, periodística, política, intelectualmente, y demás, a lo que pueda significar la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad a la gente de a pie, a los ciudadanos que nunca han tenido la palabra y por eso optaron el silencio, a los que vemos cómo el país se derrumba, a los que aún sobrevivimos. No vaya a ser que nos demos cuenta de muchas cosas, y ahora sí, intentemos tomar la palabra, y el presente en nuestras propias manos, para recuperar la paz que nos han robado.

Movimientos que, a una opinión muy personal, solo esperan la modificación superflua de los elementos del Estado, no hay cambio de estrategía sino de dirigentes de la misma que nos traera los mismos o peores resultados, no descalifico las marchas, al contrario las apoyo pero falto un plan concretizado y no acciones basadas en buenas intenciones, pero en fin luego platicamos más sobre esto.
ResponderEliminary mientras tanto aqui seguimos los que kisas ya no deberiamos estar para muchos y los que aparte de que debemos queremos y podemos estar. . . .
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