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domingo, 26 de junio de 2011

"En el cielo con diamantes", fragmento


Hoy ahora sí andamos bien latinoamericanos. En la entrada de abajo recomendaba a Lemebel, chileno; y en esta contaré algo sobre Paaaz, Senel Paz, escritor cubano.


Para que voy a decir mentiras. Siempre hay alguien o algo que nos recomienda cosas, libros, música, ideas y demás enseres. O van a decir que, al despertar, "la cosa tal" se apareció frente a sus ojos lagañosos (o legañosos, no sé cuál sea la buena). En fin, a Senel Paz no lo conocí, como quizás ustedes sí, por Fresa y Chocolate, sino por un maestro. En particular recomendó un libro de Senel llamado "El lobo, el bosque y el hombre nuevo". Por aquellas fechas fueron de esas veces que uno tiene dinero y puede hacer, beber, ver y comprar varias cosas; entre ellas, libros. Y con la casualidad que muy cerca de donde andaba, la Brigada para Leer en Libertad había montado un formidable, para mi gusto, tianguis de libros. Un día antes había estado investigando sobre ese libro y otros que también recomendó el maestro del que hablé. Tenía en mente comprarlo en Gandhi, el Sótano o el Fondo. Pero me di unas vueltas por el tianguis y, después de encontrarme a una amiga, a un amigo de hace años y otras personas por ahí, me encontré algo que me emocionó, "Senel Paz" decía un libro, aunque con el título distinto al que buscaba, éste se llamaba "En el cielo con diamantes", así como la rola. Exaltado por encontrar uno de Senel, lo tomé, lo miré y lo compré. Cosa que nunca hago, a menos que vaya buscando uno en concreto, regularmente tomo mi tiempo. En la cubierta trasera del libro dice: "dos jóvenes en busca de la amistad y del amor rozan la felicidad en la cuba de Fidel, con canciones de los Beatles como música de fondo." Así es, la novela que, según Senel, "no es el testimonio de una generación, pero sí de sus esencias", se desarrolla en Cuba.

En fin, así fue cómo llegué al libro (¿o el libro a mí?) que ven en la foto de arriba. Lo que voy a hacer no es una reseña del libro, sino poner un fragmento que recordé ante mi ausencia anunciada en la entrada de abajo. El fragmento aquí está:

Abuela, al comprender que yo pronto me iría de la casa, se sintió mal y pidió que la llevaran al hospital. [...] Al cabo de tres días, el doctor Varela, tras consultar con los doctores Rodríguez Quintero y Lino Quirós, eminentes cirujanos, informó que el peligro mayor había pasado y que ya no hacía falta la visita al quirófano: la paciente pasaba a la dieta blanda y se le autorizaron diez minutos de visita. Por la tarde, mamá me llamó a la sala C, cuarto 2, porque abuela quería hablar conmigo y el doctor lo había autorizado. Tras advertirme que no le llevara la contraria en nada de lo que dijera, me empujó al interior de la habitación, y a partir de este instante la escena es en blanco y negro. Yo que entro y abuela que me espera sentada en la cama. Viste las ropas de hospital, de un blanco desgastado, y tiene el pelo suelto, lo nunca visto. Como si acabara de resolver todos sus problemas pendientes y tan sólo le faltara poner orden en el nuestro, su rostro luce tranquilo y relajado. Acércate, dijo, y dame tu manita linda. Así lo hice y comenzó a hablar. Enfermarme ha sido un egoísmo de mi parte; pero he necesitado que me falle el corazón y ver la pelona de cerca para comprender la necesidad de tu partida; al hacer este viaje te estás yendo de casa para siempre, no porque Fidel te vaya a mandar para Rusia o se quiera quedar contigo, ya sé que esas son habladurías, sino porque cuando un hijo sale de su casa, así como vas a salir tú de la nuestra, no importa si para estudiar o para servir en el ejército, ya no regresa más que de visita o porque ha fracasado, y esto último te lo prohíbo; el viaje que vas a emprender, no es tal; es un desgajamiento, una liberación dolorosa pero necesaria; eres un buen hijo y no nos olvidarás, estarás a nuestro lado cada vez que te necesitemos, pero ya no serás nuestro como lo eres ahora, no tendrás un puesto en la mesa, una cama que te pertenece, un jarro en el que sólo puedes beber tú; no serás más una presencia sino un recuerdo, porque a partir de ahora te perteneces a ti mismo, a tus ideales y a la familia que fundes; nosotros somos tu origen, pero no tu meta, y así lo he comprendido durante mi inconsciencia, y lo he aceptado. Calló por un rato, fatigada por el esfuerzo que hacía. Durante ese intervalo, me fijé en sus ojos empequeñecidos, en las arrugas que iban y venían por su rostro y en una mancha de saliva que había quedado en la comisura de sus labios. Me pareció el rostro más dulce que hubiera contemplado jamás, y sentí que la quería tanto que estaba a punto de echarme a llorar. Ella habló de nuevo. Para que triunfes en la nueva vida que te espera, sólo tengo un consejo que darte: sé decente; yo no tengo estudios, pero puedo confirmarte que esa virtud está por encima de todas las demás y de las ideologías, y que tu corazón te indicará cómo conseguirla; si te mantienes en ella, como no dudo que harás, lo sabremos cada vez que vengas a visitarnos porque nos mirarás a los ojos, y esto nos hará más felices que si has hecho el viaje en carro propio o eres militante del Partido. Suspiró con alivio, pues había terminado. Yo me acerqué y le di un beso en la frente. Qué beso más rico, dijo ella, y la escena recuperó el color.

Bueno, era eso. Por momentos el fragmento me parece cursi, pero ahora que me acuerdo, un tipo con sus años encima se lamentaba: por más que me porto bien no me dejan salir. Y pienso, el problema es doble: que su mamá o papá o quien sea que se asuma por sobre él, no agarran el rollo como la "abuela" y, que éste tipo debe cortarse el cordón umbilical, así, sin más.


Nos vemos

jueves, 2 de junio de 2011

La prueba del ácido de Élmer Mendoza (OST)


Hermosísimas lectoras, amigos cuervos, visitante despistado... Hace muchas entradas atrás les había hablado de "La prueba del ácido", libro del buen culichi Élmer Mendoza. Prometí, en aquella entrada, comentar el libro en cuanto lo terminara. Lo acabé en pocos días, lo devoré. Pero no es sino hasta ahora que cumplo mi palabra (en este caso, mis letras), como debe de ser, ¿o no? No pude hacerlo antes, sin embargo ustedes tampoco se animaron a leerlo con nosotros al calor de los tragos. Ay de ustedes. Yo cumplí. Les obsequio, a pesar de todo, no una reseña, ni mis impresiones finales, ni un ensayo literario sobre la novela; sino algo mejor.

Hay libros que reproducen en nuestra cabeza detalles sonoros, paisajes musicales, canciones y música. Que imprimen a la historia  un soundtrack que matiza emociones y situaciones, y nos envuelve en ellas. Que devoramos antropofágicamente. Y esta novela, segunda parte de la saga del detective Edgar «el Zurdo» Mendieta, es así. De hecho, las novelas de Élmer, traen consigo un soundtrack, bien sugerido. 

Y eso es lo que les regalo, el soundtrack de "La prueba del ácido". El anexo musical a lo literario.



(clic para descargar)


Este material, con todo y portada, no lo encontrarán en ningún lado,
 ni en mixup, ni en amazon, ni en itunes. Es inédito.

 Lo recopilé, lo apilé, lo ordené y se los regalé estrictamente basado
en la música que suena en el libro. 

27 temas que sorprenderán aún a l@s más exquisitos.
(si desean la lista de canciones hagan favor de solicitarla)


¡Provecho!

jueves, 5 de mayo de 2011

Cigarro: consumo y satanización

De los fumadores podemos aprender la tolerancia.
Todavía no conozco uno solo que se haya quejado
de los no fumadores.
SANDRO PERTINI (vivió 94 años, de 1896 a 1990)*

Al cumplir los setenta años me he impuesto la siguiente
 regla de vida: no fumar mientras duermo, no dejar
 de fumar mientras estoy despierto, y no fumar más
 de un solo tabaco a la vez.
MARK TWAIN (vivió 75 años, de 1835 a 1910)*

No hay día en el que alguien ponga, cuando menos, cara de guacala y rechazo a los fumadores. O, después de considerar y preguntar:

—¿Te molesta que fume? —dice uno.
—No, me enferma, me matas —responden con voz chirriante.

 Ay sí, ay sí, mochilones ellos. O que tenga uno que salirse de un bar (lugar en donde no precisamente se cultiva la salud) para fumar. Aunque aquí la banda lo use para conocer o ligar chicas o chicos, según sea el caso y el gusto, lejos de las miradas de nuestr@s acompañantes. O que alguien le diga a uno que está bien echárse el cigarrito después de comer, pero cuando uno se baja del pesero, del metro, saliendo de una clase, de camino al transporte, al trabajo, o a la hora que uno guste y deseé, eso sí está mal y tristeza daría saber que uno se llegara a enfermar de cáncer. Vaya cosas.


Mia Wallace (Uma Thurman), Pulp Fiction.
Días antes de pensar esto, un escritor (no recuerdo su nombre) hablaba sobre "Los cigarrillos son sublimes", libro de Richard Klein. Estuve buscándolo en algunas bibliotecas y nada. Quizás, si se tratara de otro tema hubiera desistido, y más cuando los trabajos finales y las investigaciones están atrasadas sobre el escritorio (como me ocurre en estos momentos), pero incitado por las recientes "recomendaciones" sobre el consumo de tabaco, mis esfuerzos se redoblaron hasta encontrar algo sobre el tabaco, su consumo y su reciente y moralina (aunque nada nueva) satanización.

El libro que encontré se llama: "Tabaco: mentiras y exageraciones", de Octavio Rodríguez Araujo, doctor en ciencia política y profesor emérito en la FCPyS de la UNAM. Y lo tengo en mis manos. Y les quiero compartir un extracto que, como dice el autor en sus advertencias, "a diferencia de los luchadores y fanáticos del antitabaquísmo, que actúan como militantes de una causa dogmáticamente aceptada y demandan que la gente se abstenga de fumar, yo no invito a nadie a fumar ni trato de convencerlo a que fume. Lo que pretendo con este libro es otra cosa: desmititificar y denunciar una gran cantidad de mentiras y exageraciones sobre el tabaco". Aquí el fragmento:

Para quienes consideraban en los siglos XVIII y XIX que fumar era inmoral, si vivieran todavía les daría un enorme orgullo saber que en el siglo XXI, aunque parezca increíble, también hay gente que piensa como aquellos: el 11 de abril de 2002, en la ciudad de México, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal presentó (entre los considerandos de la "Propuesta de punto de acuerdo para que se hagan esfuerzos serios respecto a la motivación a la conservación de la salud y la implementación de programas formativos para combatir el tabaquismo") un punto en el que señalaba que la salud, la productividad y la moral se ven más favorecidas en los lugares que se encuentran libre de humo de tabaco. ¿Qué tiene que ver la moral con el humo del tabaco? Nadie ha podido explicarlo, que no sea, como hace 200 o 100 años, cuando se consideraba que si las mujeres fumaban en público eran inmorales, casi unas "mujerzuelas" (otra estupidez del pasado). A mí me parece inmoral que Israel bombardee la zona de Gaza en Palestina o que Estados Unidos y sus aliados invadan Irak u otro país, que exista la pornografía infantil, que unos seres humanos discriminen a otros por razones económicas, raciales o religiosas. Todo esto es inmoral, ¿por qué también fumar? De verdad no lo entiendo. Entiendo, sí, que a mucha gente le moleste el humo del tabaco, por el olor, porque le cambie el sabor de lo que esté comiendo, porque le da tos, incluso porque le haga daño aunque sea relativo y menor a lo que suele decirse, ¿pero, inmoral? Ya no saben qué inventar para satanizar el tabaco. ¿Y por qué no se sataniza a la gente que, teniendo los recuersos, no se baña ni se cambia diariamente de ropa ni usa desodorante? Porque la Organización Mundial de la Salud no ha dicho nada al respecto y porque no hay grupoes anti-mal olor de la gente ("es natural", dicen algunos). Hay, por cierto, servicios sanitarios públicos con poca ventilación donde puede ser un verdadero suplicio ir a lavarse las manos: por el olor fétido e inevitable de las heces humanas. Sin embargo, se prohíbe fumar, cuando el humo del tabaco enmascararía, aunque sea poco, los malos olores.
[...]
Nunca antes de finales del siglo XX la campaña contra el tabaco había tenido los alcances de los últimos años. Cuando en el siglo XIX se decía que el tabaco podía producir cáncer no había estudios que lo demostraran, equivalente a decir que era cosa del diablo, tampoco comprobado. En la Alemania nazi G. Wenzmer publicó un articulo en Hambuerger Frendenblatt (22/3/44), en el que decía que fumar dañaba los ovarios y partía de un dato, tan fantasioso como muchos de los que he citado y expondré más adelante: que los matrimonios entre fumadores empedernidos producían un promedio de 0.66 de niño mientras que entre no fumadores producían un promedio de tres niños. El tabaco, pues, ha tenido enemigos y pocos defensores. Cuando alguien ha defendido al tabaco de inmediato se le acusa de complicidad con las empresas tabacaleras, de haber sido comprado por éstas, de ser su vocero, etcétera. Personalmente me ha llamado la atención que las feministas pro aborto no hayan levantado la voz a favor del tabaco. Uno de sus temas principales es que la mujer debe tener el derecho a disponer de su cuerpo según su libre albedrío y tener los hijos que quiera o no tenerlos (yo estoy de acuerdo con ellas). Los grupos antiaborto, y la iglesia católica en masa, argumentan en contra porque al abortar —dicen— se está segando la vida de un futuro bebé. En la lógica de las primeras, una persona debería tener derecho a fumar y, por lo mismo, a disponer de su cuerpo (y de su salud) según su libre albedrío. Los grupos antitabaco dicen, en contra, que se afecta la salud de los no fumadores (algo que no está probado) y los fanáticos de esta especie, que huelen el humo de tabaco (no de otro tipo) a su alrededor, le gritan al fumador: "me estás asesinando" y exigen que se dicten leyes restrictivas, al igual que los pro vida o antiabortistas en relación con la suspensión del embarazo en sus primeras semanas, aunque éste haya sido por violación.
Ningún consumo legal de un producto ha sido tan estigmatizado como el tabaco.  

De tanto escribir me dieron unas ganas inmensas de echarme un cigarro. Quisiera comprar hamburguesas en la esquina de mi casa, una cajetilla de cigarros, si es que ya no tengo, y ver Pulp Fiction. Una peli increiblemente buena, de mis favoritas. Comiendo y fumando, dos de los mejores, magníficos y más grandes placeres. Pero no puedo, tengo mucho que hacer.

Ustedes, sabrán qué hacer.

*Las frases fueron tomadas de las epígrafes que usa Octavio Rodríguez en el mencionado libro.



Felices fumadas ;)

martes, 5 de abril de 2011

Roberto Arlt, El Juguete Rabioso

Para las de lite que no ha conseguido lo de Arlt. Si es que no lo consiguieron en la biblio o no hay lana para comprarlo, pues al menos en pdf.



Roberto Arlt, Juguete Rabioso

jueves, 27 de enero de 2011

La prueba del ácido

Miren nomás. Hace algunas entradas atrás, mi socio les contaba sobre El amante de Janis Joplin, libro de Élmer Mendoza; yo, hace algunas horas regresé de comprar su último.


A este autor le hemos seguido la huella desde hace tiempo, y por una entrevista me enteré que tenía en la mesa un nuevo libro, de fantasía, según recuerdo. Sin embargo, hace meses, en la Feria Internacional de Guadalajara presentó uno, distinto al que esperaba, no puse "peros". En La prueba del ácido, su más reciente libro, vuelve el detective sinaloense Zurdo Mendieta, quien me impresionara en Balas de plata.


Ese libro, ningún otro, era mi objetivo. Fui a una librería al sur de la ciudad. Siempre me he reído de la famosa mesa de novedades, y me jacto de no detenerme ahí, también de los ploteos que colocan en las entradas anunciando regularmente best sellers que para mi gusto, son malos. Y así fue que, al llegar y ver la portada en grandote del libro recargada en la pared lateral de la entrada, me dije: qué pedo, qué haces ahí. Me shockeó un poco. Pero, si lo bueno se midiera por el sabor que se le queda a uno, lo que escribe Élmer sería whisky (tip: cuando me quieran invitar un trago, ya saben), y con esa confianza me compré esa botella. Para el caso, el libro.


Y lo tengo en mis manos.

Les cuento algunas impresiones iniciales.

Cuando leo, suelo tener un lápiz cerca de mí. Me gusta subrayar frases que me agradan, aunque puedo pasar uno, dos o más libros sin hacerlo. Pero me cae que con Élmer no se puede, después de comprar su nuevo libro, beberme un litro de jugo antigripal (sigo luchando para no enfermarme), vendarme el tobillo y hacerme menso en internet, me dispuse a leer La prueba del ácido, muy acomodadito en mi cama. Pasaron pocas páginas y estaba de pie, buscando un lápiz, que no encuentro, o bueno, sí, pero sin punta, lo que no encuentro ahora es el sacapuntas. En fin. La narrativa, la construcción perfecta de un ambiente, la velocidad que impregna este buen culichi es especial, mordaz, diría yo. Se pasa de lanza, me cae. En dos méndigas páginas nos cuenta un asesinato, a la tercera me detuve, y ahora estoy aquí. Pff, vaya que empieza bien, no me dio chance ni de acomodarme, ya me tiene inquieto y perturbado. 

Cuando lo termine se los cuento, o, si ya se lo echaron, mis amigas lectoras, mis omnívoros cuervos, pues compartan sus impresiones, o, podemos leerlo con unos tragos.


¡Salud!

martes, 28 de diciembre de 2010

Lectores!!!!

Muchas veces no incluímos asuntos nacionales en la canasta básica de "gustitos" y eso es debido a la crisis de emociones que no terminan de ubicarlo a uno en ese entorno rosa mexicano.

Ahí les va una recomendación:

¿Cuántas veces no se asoma uno a Gandhi, el sótano o el FCE y sólo revisamos textos que suenan en las ideas de los profesionales de la cultura?

Léanse nomás este emocionante libro que más de una cosa les va a resanar:



Si al final hay nudos en la garganta (dense la oportunidad), acá podemos consolarlos con un trago.