A este autor le hemos seguido la huella desde hace tiempo, y por una entrevista me enteré que tenía en la mesa un nuevo libro, de fantasía, según recuerdo. Sin embargo, hace meses, en la Feria Internacional de Guadalajara presentó uno, distinto al que esperaba, no puse "peros". En La prueba del ácido, su más reciente libro, vuelve el detective sinaloense Zurdo Mendieta, quien me impresionara en Balas de plata.
Ese libro, ningún otro, era mi objetivo. Fui a una librería al sur de la ciudad. Siempre me he reído de la famosa mesa de novedades, y me jacto de no detenerme ahí, también de los ploteos que colocan en las entradas anunciando regularmente best sellers que para mi gusto, son malos. Y así fue que, al llegar y ver la portada en grandote del libro recargada en la pared lateral de la entrada, me dije: qué pedo, qué haces ahí. Me shockeó un poco. Pero, si lo bueno se midiera por el sabor que se le queda a uno, lo que escribe Élmer sería whisky (tip: cuando me quieran invitar un trago, ya saben), y con esa confianza me compré esa botella. Para el caso, el libro.
Y lo tengo en mis manos.
Les cuento algunas impresiones iniciales.
Cuando leo, suelo tener un lápiz cerca de mí. Me gusta subrayar frases que me agradan, aunque puedo pasar uno, dos o más libros sin hacerlo. Pero me cae que con Élmer no se puede, después de comprar su nuevo libro, beberme un litro de jugo antigripal (sigo luchando para no enfermarme), vendarme el tobillo y hacerme menso en internet, me dispuse a leer La prueba del ácido, muy acomodadito en mi cama. Pasaron pocas páginas y estaba de pie, buscando un lápiz, que no encuentro, o bueno, sí, pero sin punta, lo que no encuentro ahora es el sacapuntas. En fin. La narrativa, la construcción perfecta de un ambiente, la velocidad que impregna este buen culichi es especial, mordaz, diría yo. Se pasa de lanza, me cae. En dos méndigas páginas nos cuenta un asesinato, a la tercera me detuve, y ahora estoy aquí. Pff, vaya que empieza bien, no me dio chance ni de acomodarme, ya me tiene inquieto y perturbado.
Cuando lo termine se los cuento, o, si ya se lo echaron, mis amigas lectoras, mis omnívoros cuervos, pues compartan sus impresiones, o, podemos leerlo con unos tragos.
¡Salud!
¡Salud!

Diantres, dejen respirar que si no me hago adicta ustedes
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