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viernes, 28 de octubre de 2011

De asesinatos y dolor

Todo razón y nada corazón

Soy estudiante de la licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales, quinto semestre. Soy mamá soltera. Soy parte de la comunidad de la Facultad de Filosofía y Letras, Ciudad Universitaria. Soy ciudadana del territorio mexicano. Soy mexicana. 

Muchos son los asesinatos ocurridos a lo largo y ancho de nuestro país, cada día, cada hora, arbitraria e indiscriminadamente, con alevosía y premeditación. Son tantos que jamás conoceremos una cifra fidedigna. Y no queremos números. Tenemos, en cambio, el llanto de las madres que, al morir los hijos, no tienen nombre o categoría que les describa. Cuando se pierde un esposo una es viuda. Cuando se pierde una esposa uno es viudo. Cuando se pierde a los padres uno es huérfano. ¿Qué son los padres cuando por la muerte los hijos les son arrebatados? La palabra calla. De la muerte violenta nace el dolor, con toda la fuerza que ha traído por recorrer el viento, la profundidad de los océanos, del centro de la tierra y del mismo ser. Cuando se silencia la vida, cuando se calla la palabra, se calla a la razón, se calla al corazón. 

Llegó hoy a los pasillos de nuestra facultad la noticia del asesinato del compañero Carlos Sinuhé Cuevas Mejía. Muchas son las cosas que se dicen y difunden sobre su persona. A mí, de todo ello, lo que más importa, lo que mueve las fibras sensibles de la existencia, es su humanidad. Un compañero que sintió, que pensó, que resistió y luchó. La vida le valió. Se supo, más tarde, la noticia del asesinato de Julio César Meléndez Solís, también estudiante de la UNAM, ocurrido, igualmente, el día de ayer, con algunos minutos de diferencia al asesinato del compañero Carlos. Esta semana, se difundió en la facultad la desaparición de un compañero del colegio de Geografía. 

Soy testigo del dolor. Desde muy temprano y a lo largo del día, rostros bañados en lágrimas, gestos de desconsuelo, silencios furiosos, impotentes de hallar una explicación. Carteles en los muros clamaban ¡Justicia! Soy presa de la indignación. Asambleas. Conversaciones entre los pasillos. Acuerdos. Desacuerdos. Libertad de expresión. Censura. Agotamiento. ¡Dolor! Desde el alba, hasta el anochecer, en los pasillos de la facultad de filosofía y letras. Presenciando las diversas manifestaciones de sentir. Entre charlas, opiniones. Entre la indiferencia y el hastío. Entre la apatía y la hipócrita preocupación del momento. Entre quienes decidían huir del barullo y quienes atentos decidieron esperar y escuchar. Entre los que sienten, los que sienten y piensan, y los que solo piensan. Me confieso de los que sienten y piensan, y confieso también que a veces peco de sentir o de pensar más o menos, menos o más. Alcanzar un equilibrio es tarea de toda la vida. Este día sentí.

Ha llegado la noche. El dolor aumenta, el peso de miles de asesinatos y desapariciones se siente, cada vez, con más fuerza. Y con el sereno de la noche llega la calma, el silencio, el momento de fomentar el equilibrio entre el corazón y la razón. Luego de pasar las siguientes horas leyendo opiniones, comentarios, críticas, debates, diálogos entre algunos compañeros de distintos colegios de la facultad; ni razón ni corazón logran entender lo indiferentes e insensibles que pueden ser algunas personas. Lo único que puedo pensar es que me siento cerca de los sentimientos que gestan la barbarie. Respeto todas las opiniones que hasta ahora he conocido. Quiero exponer la mía: a quien con el asesinato de un ser humano, compañero, amigo, vecino, conocido, no se encuentra dolido, me gustaría invitarlo a velar por el diálogo entre su corazón y su razón. Tengamos presente que hay cosas que la razón no puede enseñarle al corazón, y otras tantas que el corazón no puede expresar sin la razón. 

Gente, somos la misma sangre. Son nuestros muertos, nuestros desaparecidos, nuestras mujeres violadas, nuestras familias torturadas, la inocencia de nuestros niños robada. En qué momento abriremos los ojos. En qué momento la moda importará menos que los agravios. Cuándo una canción dejará de animar más que la riqueza del diálogo. En qué universo un par de horas en el aula valen más que el dolor manifestado. Cuándo entenderemos que sin resistencia no habrá futuro. La vida se llena de tristezas, de muertos, de ausencias eternas. Pero también de fuerza, dignidad y coraje. 

A no callar. A no olvidar. A resistir.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Septiembre 11



La política es demasiado importante para dejarla únicamente en manos de los políticos
Ken Loach

El siglo XXI, dicen muchos, se inauguró con los acontecimientos surgidos con la caída de las torres gemelas, ocurridas el 11/09/01. El mundo que desde acá percibimos se reconfiguró, se transformó, se revolvió, se cimbró. Fue otro...

Un año después apareció la película-documental 11'09"01 Once de Septiembre. Película colectiva, de producción francesa, compuesta por 11 cortometrajes realizados por 11 cineastas de 11 países distintos de los cinco continentes (Ken Loach, Claude Lelouch, Danis Tanovic, Sean Penn, Shohei Imamura, Amos Gitaï, Samira Majmalbaf, Yusef Chahine, Idrisa Uedraogo, Mira Nair y Alejandro González Iñárritu) que, influidos por los acontecimientos del nombrado 11-S, produjeron ángulos de mirada interesantes.

Veintiocho años antes de los acontecimientos del 11-S del 2001, 1973, en Chile sucedió un golpe de estado que derrocó al gobierno de Unidad Popular y asesinó al presidente Salvador Allende. El país quedó bajo una dictadura militar, la persecución era aplastante; los desaparecidos, los torturados, los asesinados contando miles. Las miles de ausencias bañaron los ojos con sangre. El país se rompió y la gente se destruyó. La rompieron, la destruyeron, la bañaron de sangre con el  dinero y el interés de los Estados Unidos de América. Lloró la vida.

Ken Loach, inglés, director de televisión y cine, participante en el filme 11'09"01 Once de Septiembre, nos cuenta que no todos los 11 de Septiembre son los mismos, ni tampoco tan distintos, hay algo en común... sus queridos muertos son nuestros muertos.

Vale la pena asomarse al cortometraje:

miércoles, 24 de agosto de 2011

Historia Única y Emergencias

No quiero ser una cabeza que rueda
Eduardo Galeano

Cuan vulnerables e influenciables somos  ante una historia
Chimamanda  Adichie 

Hay profesores, que he conocido, sensibles para transmitir, mediantes "charlas como si nada", resonancias tremendas que, a este cuervo, han roto esquemas o reafirmado convicciones una y otra vez.  Hay palabras y sensaciones que a uno lo ponen a pensar, a hacer... que lo sacan a uno del anquilosamiento. Como debe ser, ¿o no? Los siguientes dos vídeos me impactaron por su tremenda elocuencia, claridad y amistad. Sigo asimilándolos.

El primer video es una platica con Eduardo Galeano, o, mas certero todavía: una "charla como si nada", en la que cuenta, entre muchas otras hebras, que "para qué mierda voy a vivir sino creo en algo mejor que lo mío" y que el espacio y el tiempo se transforman aquí, aquí, aquí... en el movimiento y no importa lo que pasará, sino lo que está pasando. El segundo, muestra a una nigeriana, escritora (que no conocía, pero que invito a acercarnos juntos*), Chimamanda, contando "el peligro de una sola historia".

Aconsejo mirarlos:








*Invito a las hermosísimas lectoras y los amigos lectores del blog a acercarnos a Chimamanda Adichie a través de su libro Medio Sol Amarillo.