¿Dónde dejan de ser incómodas las ciudades y se vuelven el paraíso artificial de la conciencia? No lo sé.
Las ciudades son enormes escenarios para la locura. ¿Qué hacer sino transitarlas y tolerar transitando? Sí, la tolerancia es una obligación más, otro recurso provisional para enfrentar un mundo superpoblado; se ha vuelto más indispensable incluso que aquel, así nombrado, amor al prójimo extinguiéndolo apenas se abandona la casa y los amigos para formarse en alguna de las muchas filas de extraños que tanto conocemos.
Me parece que esta tolerancia es la que nos hace callar "¡pinche gente lenta!" en la fila, y "¡ah, qué gente tan gorda!" en el metro; ha sido necesaria en la calle, la escuela, entre las clases sociales, las razas y las naciones.
Las ciudades son enormes escenarios para la locura. ¿Qué hacer sino transitarlas y tolerar transitando? Sí, la tolerancia es una obligación más, otro recurso provisional para enfrentar un mundo superpoblado; se ha vuelto más indispensable incluso que aquel, así nombrado, amor al prójimo extinguiéndolo apenas se abandona la casa y los amigos para formarse en alguna de las muchas filas de extraños que tanto conocemos.
Me parece que esta tolerancia es la que nos hace callar "¡pinche gente lenta!" en la fila, y "¡ah, qué gente tan gorda!" en el metro; ha sido necesaria en la calle, la escuela, entre las clases sociales, las razas y las naciones.
Sí, la tolerancia es horrible y nauseabunda, pero también nos obliga a usar la imaginación, ya que en todo momento se ha de "imaginar" lo que sería vivir en las fachas de otra persona... eso, para uno que otro abusado significa algo más que sumisión.
Es el caso de un checo loco. Jirí Barta
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