No hace falta escribir mucho, para expresar nada.
Si lo escribo, lo que voy escribiendo, tal vez sea porque aún no lo entiendo, o aún no lo escribo.
Volveré a escribirlo aunque no exista necesidad de hacerlo.
He vuelto a aburrirme, lo escribo sin sonreir.
Algo aquí me inquieta pero no sale a flote, simplemente no lo hace.
Mañana o pasado, o al rato que lo vuelva a leer me parecerá que hubiera sido mejor no escribirlo.
Si lo borro, esfumo, elimino; si lo olvido: será una cosa menos.
Ajá. Me estiro la cara, me detengo en cada ",", en cada ".", y en cada ";".
Ya se ve algo, no mucho, no bastante, pero ahí está. Escrito.
Tanto para nada. O más bien, aun nada y ya tan "tan".
Eso casi me hace sonreir.
Con razón de dios no se halaga a nadie sin mencionar lo evidente.
Ya hasta aquí, ya estubo.
Me volví a engañar. Sigo escribiendo.
Así de vago es el azar, que no dice nada, ni interesa.
¿Será realmente azar?
No. Sólo una leve evasiva, nada nosiva, nada complicada. Voy a continuar...
...diciendo nada...
...escribiendo un poco...
...nada más.
¡Oh no! Se me acaba la hoja.
Nunca se acaba, pero es mejor que lo haga.
¿Pensaré en esto más tarde? Eso sí sería borrar, desintegrar.
¿Cuántas cosas no se destruyen apenas al pensarlas?
¡Qué joda! ¡Qué insípido! ¡Qué aburrido!
De esas cosas que no se juzgan porque no se ven, me destajo.
¿Qué te va a suceder, ahora que se ha acabado la hoja?
No hay comentarios:
Publicar un comentario