miércoles, 15 de junio de 2011

¿De qué hablamos cuando hablamos de diálogo?


Por J.K., estudiante del CELA

En los últimos días, mientras los universitarios estamos en vacaciones, se da a conocer la decisión de enviar a las carreras de Estudios Latinoamericanos,  Bibliotecología y Letras Clásicas a un Anexo ubicado atrás del estadio olímpico, que se incorporará a las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL). Durante el semestre que acaba de concluir algunos escuchábamos de oídas la construcción de ese espacio, pero no sabíamos para qué se usaría. Las autoridades de la facultad en ningún momento notificaron a la comunidad que se construía el Anexo y, más relevante aún, que se alojarían en él la totalidad de algunas carreras de la facultad.

Cientos de estudiantes nos enteramos de esta situación por una vía extraoficial. En Facebook, apareció el día 11 de Junio del año en curso el grupo “CELA”, y en él circulaba la imagen de una supuesta carta firmada por la actual directora de la facultad (nunca se desmintió su autenticidad por lo que se supone cierta), en la que exponía a un destinatario desconocido, sólo se sabe que es dirigido a un “estimado colega”, la decisión de alojar a las mencionadas carreras en dicho espacio. Oficialmente, la dirección de la facultad, hizo “público” los criterios para la reubicación de  las carreras mencionadas mediante un comunicado publicado el día 14 en la página de la facultad y firmado el día 13 por Gloria Villegas Moreno; esto es, días después de que la información se filtrara, como se dice últimamente.

La decisión generó un ambiente de confusión, duda, resignación o rechazo a la misma. Sin embargo, indudablemente cimbró a una parte considerable de la comunidad, incluso en vacaciones. En tan solo 4 días, alrededor de 600 usuarios de la red se integraron al grupo. Las autoridades, seguramente, no esperaban una respuesta similar. Y sin temor a fallar, podríamos decir que ése fue un motivo por el cual se hace pública la decisión mediante el comunicado.

El sentimiento general es de inconformidad. Siempre es bienvenida, sin dudarlo, la construcción de nuevos espacios en la universidad. El problema, como siempre, es la discrecionalidad y unilateralidad con que se deciden las cosas. Y esas decisiones giran, muchas veces, en torno a construir un tipo de universidad, que no siempre coincide con los sentimientos de la comunidad, incluida en ella a los académicos y personal administrativo, que también forman parte de la vida universitaria.

¿Cómo enfrentar las decisiones unilaterales?, ¿cómo proponer soluciones a los problemas?, ¿es el diálogo la única vía?, ¿es legítimo realizar acciones?, ¿debemos hacer uso de herramientas que se han olvidado?, ¿hay que descartar todo lo que no sea diálogo?

Hagamos un poco de memoria, recordemos las estructuras que rigen las decisiones en la Universidad.

¿El diálogo, qué?

Desde 1945, en la Universidad, la organización de la misma se ha basado en su Ley Orgánica. La toma de decisiones en “los causes de la institución” se ha conformado, desde entonces, en organismos con poca o nula representatividad. Las decisiones se han tomado desde esferas reducidas y en su mayoría desconocidas para la comunidad.

Con mencionar un caso que, concierne aquí directamente, daremos cuenta de ello. En meses pasados se realizó la elección de los comités académicos del CELA y DyGI. En las votaciones “democráticas” para elegir el comité académico del CELA, según los resultados preliminares de las elecciones, pubicados en la página de la facultad; la participación, entre las dos fórmulas registradas, fue de 14 alumnos, lo que representa el 3,017% del total de electores, lo que significa que 450 no participaron (96,975% del total de electores).

Este sencillo pero revelador caso, demuestra la ausencia de representación y reconocimiento real de la comunidad a los órganos de “participación” y “elección” institucionales. La elección de los consejos técnicos y comités académicos consideran mínimamente a la comunidad universitaria, aunque sin el respaldo -como hemos visto- de la inmensa mayoría.

Un caso en el que ni por asomo la comunidad universitaria participa en términos reales es la Junta de Gobierno. En la Junta de Gobierno, organismo conformado por quince (ha leído usted bien), quince “distinguidos miembros de la comunidad académica”, se encargan de elegir al rector, directores de facultades, escuelas e institutos, además de nombrar a los miembros del patronato universitario.

¿Es posible que quince “distinguidos miembros de la comunidad académica” decidan por sobre trescientos setenta y nueve mil cuatroscientos cuarenta y uno[1]? ¿Acaso la Ley Orgánica vigente responde a las necesidades actuales? ¿El modelo de organización concebido en 1945, cuando la población universitaria apenas alcanzaba tan solo 23 mil alumnos, es adecuado para una población 16 veces mayor? ¿Acaso el tiempo se ha detenido en la Universidad? ¿A quién le beneficia?

Después de ejemplificar algunas condiciones que se viven en la Universidad, podemos responder dónde se concentran las decisiones, quién tiene (legalmente) la palabra perlocutiva. (Que no la última). ¿En los que conforman la universidad o en sus “representantes”?

No debiera extrañar a nadie que las autoridades llamen al diálogo cuando los cuestionamientos rondan sus oficinas. ¿En algún momento convocan a la comunidad a dialogar antes de decidir? ¿Acaso hoy no nos han convocado cuando los horarios del próximo semestre ya están decididos en el Anexo? Desde que estoy en la Universidad y por lo que a uno le cuentan, las autoridades han hecho de la burla y la evasión su principal argumento. “Eso se decidió en el consejo técnico”, “corran con su consejero para le digan su queja”, “muchacho, la universidad no es antidemocrática, quítame esos carteles”,  escuchaba en la preparatoria. Ahora en la facultad lo mismo… bueno no, aquí nada más leo lo que la directora dice: “…me permito hacerles una atenta invitación para resolver conjuntamente y de manera creativa las dificultades que pudieran presentarse en este proceso, con el espíritu de colaboración y compromiso, distintivos de nuestra comunidad.” Ése, y no otro, ha sido, desde que recuerdo, el comportamiento de las autoridades. En la prepa, si le subían el costo a las credenciales, de las multas en la biblioteca, si perseguían a los que vendían “velitas, banda” o “cigarros, amigos”, si despedían a un maestro, si te quitaban los balones, si te perseguían por “alborotador”, si construían un absurdo techo traslúcido sobre la alberca para proteger a los estudiantes de los rayos del sol (ay sí, ay sí, no se vayan a quemar), si instalaban cámaras de seguridad (como en una carcel), si hacían cualquier cosa ya no había nada qué hacer, ya habían decidido. O eso es lo que se decía, lo que querían que creyéramos: que ya no había nada qué hacer.

A estas alturas la ingenuidad no debería sobrevivir. O eso es lo que quisiera creer. O, a ver, supongamos que en la preparatoria no se dieron cuenta de nada de eso y, en cambio, se la pasaban en la fiesta (qué mal por mí que no aproveché), o con su novio o novia o lo que fuese, o en clases (que es a lo que los mandaban sus papás). Haya sido como haya sido pero no nos dimos cuenta. Pero entramos a la facultad y si alguna vez la visitamos, recordamos o nos cuentan cómo era antes de las macetas estorbosas y “anti-plan de contingencia”, de los locales bien alineaditos que sustituyeron al tianguis excepcional que se hacía en el pasillo que da a la central, o las piedras picudas que después fueron piedrotas rodeadas con una valla que sustituyeron a lo que alguna vez fue pasto, o cuando correteaban (lo siguen haciendo) al surtidor del nutri-puma; a saber: los tacos de canasta. ¿Qué pasó? Se hicieron asambleas, todos y todas fúric@s. Las autoridades llamaron al diálogo y poco a poco todos y todas lo olvidaron o se resignaron. Y las cosas quedaron tal cual las autoridades las habían decidido. Después instalaron cámaras, se hicieron asambleas, se hizo un pliego petitorio y hasta hubo diálogo público y nada. Las cámaras nos siguen grabando (“qué mal”, van a pensar algunos, que desde que las instalaron se peinan y toda la cosa, no vaya a ser que salgan mal en la foto). Y ahora el Anexo, y nos llaman a la cordura y al diálogo. Y ahora nosotros conversaremos con sordos. Y después nosotros exiliados en Siberia (Anexo). Y después nosotros seguiremos platicando…






[1] Cantidad obtenida de la suma de los estudiantes, académicos (según la Numeralia 2011 del Portal de Estadística de la UNAM) y el personal administrativo 2010 (de acuerdo a la Agenda Estadística 2010, publicada en el mismo portal).

2 comentarios:

  1. Quizás estamos estamos con sordos pero nosotros no estamos mudos ni nos tienen amarrados.

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  2. Estamos de acuerdo, injusticias y oligarquía es lo que domina esta maravillosa universidad y reanimemos las luchas del '86 y del '99 animo que el dialogo NO es el camino att:
    un compañero de FCPYS

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