Por J.K., estudiante del CELA
En los últimos días, mientras los universitarios estamos en
vacaciones, se da a conocer la decisión de enviar a las carreras de Estudios
Latinoamericanos, Bibliotecología
y Letras Clásicas a un Anexo ubicado atrás del estadio olímpico, que se
incorporará a las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL).
Durante el semestre que acaba de concluir algunos escuchábamos de oídas la
construcción de ese espacio, pero no sabíamos para qué se usaría. Las
autoridades de la facultad en ningún momento notificaron a la comunidad que se
construía el Anexo y, más relevante aún, que se alojarían en él la totalidad de
algunas carreras de la facultad.
Cientos de estudiantes nos enteramos de esta situación por una vía
extraoficial. En Facebook, apareció el día 11 de Junio del año en curso el
grupo “CELA”, y en él circulaba la imagen de una supuesta carta firmada por la
actual directora de la facultad (nunca se desmintió su autenticidad por lo que
se supone cierta), en la que exponía a un destinatario desconocido, sólo se
sabe que es dirigido a un “estimado colega”, la decisión de alojar a las mencionadas carreras en dicho espacio. Oficialmente,
la dirección de la facultad, hizo “público” los criterios para la reubicación
de las carreras mencionadas
mediante un comunicado publicado el día 14 en la página de la facultad y firmado el día 13 por Gloria Villegas
Moreno; esto es, días después de que la información se filtrara, como se dice
últimamente.
La decisión generó un ambiente de confusión, duda, resignación o
rechazo a la misma. Sin embargo, indudablemente cimbró a una parte considerable
de la comunidad, incluso en vacaciones. En tan solo 4 días, alrededor de 600
usuarios de la red se integraron al grupo. Las autoridades, seguramente, no
esperaban una respuesta similar. Y sin temor a fallar, podríamos decir que ése
fue un motivo por el cual se hace pública la decisión mediante el comunicado.
El sentimiento general es de inconformidad. Siempre es bienvenida, sin
dudarlo, la construcción de nuevos espacios en la universidad. El problema,
como siempre, es la discrecionalidad y unilateralidad con que se deciden las
cosas. Y esas decisiones giran, muchas veces, en torno a construir un tipo de
universidad, que no siempre coincide con los sentimientos de la comunidad,
incluida en ella a los académicos y personal administrativo, que también forman
parte de la vida universitaria.
¿Cómo enfrentar las decisiones unilaterales?, ¿cómo proponer
soluciones a los problemas?, ¿es el diálogo la única vía?, ¿es legítimo
realizar acciones?, ¿debemos hacer uso de herramientas que se han olvidado?,
¿hay que descartar todo lo que no sea diálogo?
Hagamos un poco de memoria, recordemos las estructuras que rigen las
decisiones en la Universidad.
¿El diálogo, qué?
Desde 1945, en la Universidad, la organización de la misma se ha
basado en su Ley Orgánica. La toma de decisiones en “los causes de la
institución” se ha conformado, desde entonces, en organismos con poca o nula
representatividad. Las decisiones se han tomado desde esferas reducidas y en su
mayoría desconocidas para la comunidad.
Con mencionar un caso que, concierne aquí directamente, daremos cuenta
de ello. En meses pasados se realizó la elección de los comités académicos del
CELA y DyGI. En
las votaciones “democráticas” para elegir el comité académico del CELA, según
los resultados preliminares de las elecciones, pubicados en la página de la
facultad; la participación, entre las dos fórmulas registradas, fue de 14 alumnos, lo que representa el 3,017%
del total de electores, lo que significa
que 450 no participaron (96,975% del total de electores).
Este sencillo
pero revelador caso, demuestra la ausencia de representación y reconocimiento
real de la comunidad a los órganos de “participación” y “elección”
institucionales. La elección de los consejos técnicos y comités académicos
consideran mínimamente a la comunidad universitaria, aunque sin el respaldo -como
hemos visto- de la inmensa mayoría.
Un caso en el que
ni por asomo la comunidad universitaria participa en términos reales es la
Junta de Gobierno. En la Junta de Gobierno, organismo conformado por quince (ha leído usted bien), quince
“distinguidos miembros de la comunidad académica”, se encargan de elegir al
rector, directores de facultades, escuelas e institutos, además de nombrar a
los miembros del patronato universitario.
¿Es posible que
quince “distinguidos miembros de la comunidad académica” decidan por sobre trescientos
setenta y nueve mil cuatroscientos cuarenta y uno[1]? ¿Acaso la Ley Orgánica vigente
responde a las necesidades actuales? ¿El modelo de organización concebido en 1945, cuando la población universitaria apenas alcanzaba tan solo 23
mil alumnos, es adecuado para una población 16 veces
mayor? ¿Acaso el tiempo se ha detenido en la Universidad? ¿A quién le beneficia?
Después de
ejemplificar algunas condiciones que se viven en la Universidad, podemos responder
dónde se concentran las decisiones, quién tiene (legalmente) la palabra perlocutiva.
(Que no la última). ¿En los que conforman la universidad o en sus “representantes”?
No debiera extrañar
a nadie que las autoridades llamen al diálogo cuando los cuestionamientos
rondan sus oficinas. ¿En algún momento convocan a la comunidad a dialogar antes
de decidir? ¿Acaso hoy no nos han convocado cuando los horarios del próximo
semestre ya están decididos en el Anexo? Desde que estoy en la Universidad y
por lo que a uno le cuentan, las autoridades han hecho de la burla y la evasión
su principal argumento. “Eso se decidió en el consejo técnico”, “corran con su
consejero para le digan su queja”, “muchacho, la universidad no es
antidemocrática, quítame esos carteles”,
escuchaba en la preparatoria. Ahora en la facultad lo mismo… bueno no,
aquí nada más leo lo que la directora dice: “…me permito
hacerles una atenta invitación para resolver conjuntamente y de manera
creativa las dificultades que pudieran presentarse en este proceso, con el
espíritu de colaboración y compromiso, distintivos de nuestra comunidad.” Ése, y no otro, ha sido, desde que recuerdo, el comportamiento de las
autoridades. En la prepa, si le subían el costo a las credenciales, de las
multas en la biblioteca, si perseguían a los que vendían “velitas, banda” o
“cigarros, amigos”, si despedían a un maestro, si te quitaban los balones, si
te perseguían por “alborotador”, si construían un absurdo techo traslúcido sobre
la alberca para proteger a los estudiantes de los rayos del sol (ay sí, ay sí,
no se vayan a quemar), si instalaban cámaras de seguridad (como en una carcel),
si hacían cualquier cosa ya no había nada qué hacer, ya habían decidido. O eso
es lo que se decía, lo que querían que creyéramos: que ya no había nada qué
hacer.
A estas alturas
la ingenuidad no debería sobrevivir. O eso es lo que quisiera creer. O, a ver,
supongamos que en la preparatoria no se dieron cuenta de nada de eso y, en
cambio, se la pasaban en la fiesta (qué mal por mí que no aproveché), o con su
novio o novia o lo que fuese, o en clases (que es a lo que los mandaban sus
papás). Haya sido como haya sido pero no nos dimos cuenta. Pero entramos a la
facultad y si alguna vez la visitamos, recordamos o nos cuentan cómo era antes
de las macetas estorbosas y “anti-plan de contingencia”, de los locales bien
alineaditos que sustituyeron al tianguis excepcional que se hacía en el pasillo
que da a la central, o las piedras picudas que después fueron piedrotas
rodeadas con una valla que sustituyeron a lo que alguna vez fue pasto, o cuando
correteaban (lo siguen haciendo) al surtidor del nutri-puma; a saber: los tacos
de canasta. ¿Qué pasó? Se hicieron asambleas, todos y todas fúric@s. Las
autoridades llamaron al diálogo y poco a poco todos y todas lo olvidaron o se
resignaron. Y las cosas quedaron tal cual las autoridades las habían decidido.
Después instalaron cámaras, se hicieron asambleas, se hizo un pliego petitorio
y hasta hubo diálogo público y nada. Las cámaras nos siguen grabando (“qué mal”,
van a pensar algunos, que desde que las instalaron se peinan y toda la cosa, no
vaya a ser que salgan mal en la foto). Y ahora el Anexo, y nos llaman a la
cordura y al diálogo. Y ahora nosotros conversaremos con sordos. Y después
nosotros exiliados en Siberia (Anexo). Y después nosotros seguiremos
platicando…
[1] Cantidad
obtenida de la suma de los estudiantes, académicos (según la Numeralia 2011 del Portal de
Estadística de la UNAM) y el personal administrativo 2010 (de acuerdo a la Agenda Estadística 2010, publicada en el
mismo portal).
Quizás estamos estamos con sordos pero nosotros no estamos mudos ni nos tienen amarrados.
ResponderEliminarEstamos de acuerdo, injusticias y oligarquía es lo que domina esta maravillosa universidad y reanimemos las luchas del '86 y del '99 animo que el dialogo NO es el camino att:
ResponderEliminarun compañero de FCPYS