Uno se siente más identificado con lo real por lo que se mueve en el suelo o por lo que flota en el espacio (el agua, el viento, el fuego). Existe mucha belleza en todos los reinos del mundo real, pero es simplemente incomparable, el encontrar algo nunca antes visto, soñar. La habilidad que nos permite mirar dentro, o, tal vez sea mejor así concebirlo, fuera. Jeremy Geddes ha decidido reencontrarse con sus sueños tratando quizás de responder visualente una pregunta de supervivencia: ¿cómo comprendernos si no nos conocemos?. El resultado pueden verlo en las siguientes imágenes (hagan clic para apreciar mejor). Soñar hace posible que todo lo que se experimenta y todo lo que se llega a saber en este estado se convierta en auténtica novedad. Todo aquello que se presenta como "por primera vez" proyecta una necesidad de saber más que de no ser satisfecha oscurecerá el mundo, es decir, soñar es siempre más exterior que interior. Con el trabajo de Geddes sucede justamente esto: sus imágenes son vínculos que despiertan asombro y, si se pueden "mirar", empatía, miradas del "otro" que podrían convertirse en tu "propio" reflejo. Ese momento tan auténtico, de orden quizás primitivo, del asombro y la empatía me convence cada vez más de que por distintos que se presenten los otros, tenemos mucho más en común de lo que quisieramos aceptar.
sábado, 25 de junio de 2011
Jeremy Geddes
Uno se siente más identificado con lo real por lo que se mueve en el suelo o por lo que flota en el espacio (el agua, el viento, el fuego). Existe mucha belleza en todos los reinos del mundo real, pero es simplemente incomparable, el encontrar algo nunca antes visto, soñar. La habilidad que nos permite mirar dentro, o, tal vez sea mejor así concebirlo, fuera. Jeremy Geddes ha decidido reencontrarse con sus sueños tratando quizás de responder visualente una pregunta de supervivencia: ¿cómo comprendernos si no nos conocemos?. El resultado pueden verlo en las siguientes imágenes (hagan clic para apreciar mejor). Soñar hace posible que todo lo que se experimenta y todo lo que se llega a saber en este estado se convierta en auténtica novedad. Todo aquello que se presenta como "por primera vez" proyecta una necesidad de saber más que de no ser satisfecha oscurecerá el mundo, es decir, soñar es siempre más exterior que interior. Con el trabajo de Geddes sucede justamente esto: sus imágenes son vínculos que despiertan asombro y, si se pueden "mirar", empatía, miradas del "otro" que podrían convertirse en tu "propio" reflejo. Ese momento tan auténtico, de orden quizás primitivo, del asombro y la empatía me convence cada vez más de que por distintos que se presenten los otros, tenemos mucho más en común de lo que quisieramos aceptar.
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