Ya son décadas las que se cuentan desde que se utiliza este transporte para ampliar los espacios públicos. Y hasta el personal, si tan lo menos destacar la estadística de cuántas experiencias comienzan con "una vez en el metro..." fuera información útil. Me parece que el sub-mundo de las ciencias ficticias (por destacar con título los esfuezos de los relatos de ficción) ha tenido su nacimiento y posiblemente también su consolidación como parte de nuestras sociedades en el ejercicio de aquel primordial instinto que nos estimula a enviar caminos hacia lo(s) demás. Una cosa así tan recurrente y necesaria se vuelve más un espacio donde es posible responder y reformular preguntas (visto de modo zen) que un refugio para abstraerse.
Viajar a través de las profundidades (propias y colectivas) siempre dejará ver lo que se lleva con uno mismo.
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